Por: Carlos Ramiro Chávarro

Reflexionando sobre lo que puede o debe ser un propósito permanente, el rescate de los valores humanos y la continua edificación de nuestra sociedad a través de fomentarlos, surge la necesidad de establecer prioridades.

De manera clara ya reiterada y como una afirmación generalizada por comunicadores, predicadores, maestros, líderes, padres de familia, en fin, las personas que componen nuestro entorno diario, es fundamental que todos los valores humanos y sociales se recuperen después de que con ellos han transcurrido algunos cambios desfavorables a través de las últimas épocas y generaciones.

Sería complejo definir cuál es aquel valor más afectado y que requiere urgente atención porque primero, funcionan de manera encadenada en el sistema que define la armonía social, de manera que, si el respeto y la decencia entran en decadencia, igual puede suceder de manera consecuente con la tolerancia, la bondad y el entendimiento. Si la justicia se corroe perdemos la paz y la equidad; y si la ética desaparece igual sucede con la honestidad y hasta con la vergüenza, que, aunque esta última no es necesariamente un valor, también empieza a hacer falta y a ser reclamada.

También es rebatible cómo establecer las maneras adecuadas de evolucionar hacia un modelo de educación que logre responder a este y demás desafíos que nos llegan con la modernidad, que como lo conversábamos en una oportunidad anterior, no es responsabilidad única de los docentes sino de toda la familia y la sociedad.

Hoy el tema y la oportunidad nos permite proponer que sea especialmente a través de la decencia y el buen ejemplo en cada uno de nuestros actos, el modo como podamos enaltecer en todo momento las relaciones personales, formales y sociales, incluyendo por supuesto a la política en sus maneras de hacerla, vivirla, y compartirla en comunidad.

Hemos hablado de las cualidades que caracterizan a los huilenses y esas nos permiten tener bien adelantado el camino, nos corresponde continuarlo con la facilidad directa al entendimiento que nos otorga ser amables y cordiales entre todos, respetuosos, solidarios, y bien educados como nuestros padres y abuelos se propusieron también que fuéramos, buen primor.

 

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