Froilán Casas Ortiz

Somos hijos de una cultura que entorpece los procedimientos, hace paquidérmico al Estado y, por ende, el ciudadano sufre las consecuencias de la ineficiencia administrativa. Muchos gobiernos han intentado suprimir trámites inoficiosos; ¡ah, todo se queda en buenas intenciones! Por otra parte, existe un prurito de ´darse importancia´ en el cargo que se ejerce: se ponen todas las trabas a los procesos para que el cliente, el usuario, tenga que suplicar una pronta respuesta; además, -hay que quedar eternamente agradecido, pues por fin este funcionario sí fue eficiente-. ¿No será que tuvo que darle mordida? En los países desarrollados no hay tanta tramitomanía, no hay tantos controles y los resultados se ven de inmediato. El exceso de trámites facilita la corrupción; esos tales trámites favorecen los “peajes” en los procesos administrativos. La venalidad de los funcionarios de turno encuentran en los diferentes “chulos” por los que tiene que pasar un contrato o una cuenta de cobro, la ocasión para frenar procesos y así tener la disculpa para agilizarlos y exigir la “coima” respectiva.  Un ordenador de gasto honesto y eficiente se encuentra con una cantidad de normas que hacen engorrosa y ágil los procesos de ejecución presupuestal. Los entes de control, con frecuencia, torpedean más que facilitan los procesos administrativos. Se debe partir que el funcionario es honesto y entonces las auditorías serán más ágiles. Pero, por favor, no todo funcionario es corrupto. Cuidado, todo ladrón juzga por su condición. Si le hiciéramos una reingeniería a los procesos administrativos, aplicando la lupa de la CALIDAD TOTAL, estoy seguro que se quitarían muchos pasos en la ejecución del gasto público, haciendo un Estado más eficiente y consecuentemente, ganamos los ciudadanos y nos sentiremos bien gobernados. Por favor, rama legislativa del Poder Público, presente las reformas pertinentes para hacer eficiente al sector público; por favor, rama ejecutiva, presente al legislativo las reformas que crea convenientes para hacer un Estado expedito en las obligaciones contraídas. Además del excesivo cumplimiento de normas, hay funcionarios que se arrogan funciones que no les pertenece haciendo complicados los pasos que de por sí son fáciles. Creo que conviene achicar al Estado y dejarle a la empresa privada, con buenos controles, muchas de las funciones que ejerce el sector público, esto disminuirá la corrupción. Hay que buscar mecanismos que hagan ágil al Estado y el Estado tiene que desembarazarse de funciones que fácilmente se pueden delegar a la empresa privada. Ordinariamente la empresa privada es menos corrupta. La terrible burocracia que tiene el Estado favorece la venalidad de los funcionarios públicos: puestos para pagar favores. El acrecentamiento de los contratos de prestación de servicios, favorece la corrupción en el sector público. La empresa privada es mucho mas eficiente y en principio, aquí se trabaja por logros y por resultados; las plantas de personal deben obedecer a verdaderas necesidades y no a “pagar” cuotas electorales. Muchos funcionarios son rápidos para cobrar la quincena o mensualidad y lentos para trabajar. El dolce far niente de los romanos. Ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre. Por favor, muestre resultados.

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