Jorge Fernando Perdomo

Una de las faenas más difíciles para un colombiano es conseguir un fiador.

Aunque los fiadores se encuentran en los más estrechos círculos familiares o de amistades con capacidad para respaldar, económicamente, a alguien, ser fiador significa adquirir la misma obligación que asume quien es sujeto del crédito.

Por eso, las normas bancarias hablan de codeudor. Tal vez, porque el de fiador carga con un estigma que puede calificar (o descalificar) a la persona que lo caracteriza, como tonto, imbécil y cretino, en un país en donde el que tumba a otro, convierte la habilidad en sinónimo de viveza asimilada, hoy, a la inteligencia.

En política, el vocablo fiador o codeudor, mutó a avalista y ya no corresponde a quien garantiza que una persona es cumplidora y moralmente correcta, sino a toda una colectividad, cualificada por su historia, su ideología y su legitimidad como representante de una parte de la democracia que se llama partido político.

Aquí el acto que ejerce el partido se llama AVAL, un sustantivo sacado del derecho cambiario y que significa un contrato de fianza, ni más, ni menos.

Como quien dice, el avalista se compromete a “pagar” en caso de que el avalado no lo haga. Así de fácil.

El aval que por estos días están entregando los partidos a los candidatos para los cargos regionales, no puede distanciarse de su significado, en derecho.

O lo que es lo mismo, el aval del partido debe ser una garantía de que el aspirante avalado cuenta con la solvencia moral y ética y con una conducta a toda prueba, para asumir las responsabilidades futuras a nombre de la colectividad. De lo contrario, el avalista se estaría poniendo al mismo nivel del avalado que no cumpla.

En las faltas que cometa el avalado, el partido avalista tendrá las mismas responsabilidades y obligaciones.

Se hace necesario, entonces, que los partidos no entreguen avales a personas de quienes se sospecha un comportamiento ausente de ética, que pueda ser delictivo o que se encuentren incursos en investigaciones que aún no han tenido sus respectivos cierres.

En el Huila, llamamos a los partidos, comenzando por el nuestro, a que consideren la dimensión de esta responsabilidad de entrega de avales y las obligaciones que se derivan, sobre todo con los ciudadanos, estos últimos los electores de los futuros dignatarios locales.

Es una facultad revestida de responsabilidad con la democracia.

 

 

 

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