Sergio Felipe Salamanca

Como lo mencioné en mi columna anterior, los contratos son instrumentos que responden a las necesidades y condiciones que han tenido las comunidades durante siglos, siendo algunos más populares que otros, y llegando a ocupar lugares importantes en la historia. Dentro de este tipo de contratos podría citarse a la permuta y a la compraventa, que desde la antigüedad misma le han permitido a la humanidad satisfacer sus necesidades básicas por medio de transacciones en las que se intercambiaban cosas por cosas (permuta); o cosas por precio (compraventa).

Junto a estos dos contratos, que desde el comienzo se han distinguido por tener un carácter eminentemente patrimonial por ser los medios perfectos para conseguir alimentos, armas, tierras y demás bienes necesarios para que las sociedades pudieran sobrevivir y expandirse; surgió otro contrato que estaba más enfocado en estrechar los vínculos entre familias, garantizar la subsistencia del linaje o simplemente incrementar el poder, el matrimonio.

Lo increíble del matrimonio es que es una institución que desde sus orígenes ha logrado estar presente tanto en las culturas orientales, como en las occidentales, lo cual se refleja en el hecho de que existen referencias al matrimonio en los principales libros sagrados (La Biblia, la Torá y el Corán). Otro de los aspectos que sorprende del matrimonio, es que a pesar de tener registros que datan de la antigua Mesopotamia, es una institución que en términos generales no ha cambiado en lo absoluto, lo que en mi opinión puede estar por cambiar.

En palabras sencillas, y como lo podría definir un clásico profesor de Derecho Civil, el matrimonio es una unión en la que la pareja comparte lecho, techo y mesa, y que a los ojos de la legislación civil es considerada como un contrato. Esta visión contractual del matrimonio ha permitido el surgimiento de propuestas que podrían tanto indignar, como alegar a más de uno. Desde hace algunos años, en México se ha propuesto la idea de implementar los matrimonios a término, es decir, matrimonios con una duración preestablecida, en el que los esposos tienen la posibilidad de decidir si renuevan o dan por terminado su contrato, sin tener que acudir a trámites adicionales. Como en todos los temas, la propuesta cuenta con fuertes detractores y partidarios, pero solo la práctica nos podría mostrar los verdaderos efectos que esta medida tendría en nuestra sociedad ¿usted qué opina?

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