Enrique Sandino Vargas

(2a entrega – trayecto San Vicente del Caguán y La Macarena)

San Vicente del Caguán es una población en donde se respira el ajetreo de la vida rural. Su plaza central, vigilada desde una montaña cercana por el ejército colombiano y por el puesto de policía ubicado en uno de sus costados, es hermosa y su belleza enmarca el dinamismo de sus habitantes quienes en su mayoría son campesinos que llegan y van en todas las direcciones. Y aun cuando el ambiente del pueblo es tranquilo no faltaron quienes me advirtieron acerca de gente extraña que ha llegado últimamente a la ciudad y en esos términos se refieren a paramilitares, disidentes, delincuencia común, e invasores de tierras.

En Google maps se encuentra el trayecto hasta La Macarena y las indicaciones señalan que sus 159 kilómetros se recorren aproximadamente ocho horas, casi la misma distancia que hay de Neiva a Espinal la cual se recorre en algo más de 2 horas; tenga siempre en cuenta que una vez usted está en la ruta a este paraíso colombiano ya no contará ni con señal en su celular, ni GPS y eventualmente solo lo acompañaran las emisiones de “Linda Stereo”, emisora que trasmite desde el Doncello, Caquetá.

La salida del pueblo está adornada por la imponencia del Rio Caguán y así iniciamos nuestro camino a través de tierras que hasta hace tan solo tres años estaban bajo el control del bloque Oriental de las FARC.

Aproximadamente 30 kilómetros después de San Vicente del Caguán venden la avena más exquisita que he probado, en una pequeña población llamada “Los Pozos” que se desarrolló alrededor de los yacimientos petroleros explotados desde los 40’s. Cualquier inadvertido podría decir que el petróleo es la única razón por la que solo este tramo de la carretera es aceptable. A partir de este punto solo tenemos trocha, la cual con las lluvias se vuelve tanto una costosa aventura como una exigente prueba de pericia para los conductores que frecuentan la zona, y ni hablar de lo que deben soportar los animales que son transportados desde ese lugar.

Pasamos el caserío de “San Francisco de la sombra” y llegamos al punto del trayecto conocido como “La Ye”, vereda Playa Rica. En el camino veo el letrero que anuncia “La Casa Roja”, emblemático predio de las FARC que yo previamente había leído que estaba destruido, pero no, está en pie, abandonado y ciertamente en malas condiciones. Con curiosidad me dispuse a explorar la construcción lo cual me permitió apreciar los huecos que los cazadores de huacas han hecho en todas partes, inclusive en el segundo piso y en la piscina. Unos metros más adelante, se pueden apreciar las ruinas de otro de los predios ocupado por las FARC; “El taller”.

Poco después arribamos al caserío conocido como “El Morrocoy”: “A 25 km la finca El Recreo”, indica el letrero a la orilla del camino. Pasamos con la prisa que imprime el cansancio, sin embargo, días después tuve que regresar al sitio en moto buscando agua y algunos víveres. Por estas tierras todo es mucho más costoso. Lo que llega, llámese medicinas, comida, ropa, es afectado en gran medida por la distancia, la falta de vías lo cual se refleja en el precio. Para la “remesa” o aprovisionarse, los campesinos deciden entre: comprar en pequeñas cantidades en el caserío más cercano en donde el precio es más elevado y la variedad es menor, o desplazarse a una de las dos poblaciones cercanas, San Vicente o La Macarena, pues las dos tienen pistas de aterrizaje del ejército y por tanto se puede encontrar más variedad.

Un campamento militar sin soldados y el puesto de la “Junta de acción comunal” al cual le pagué $10,000 de peaje, me anuncian que estoy cercano a la Macarena. Una fuerte base militar controla el ingreso al pueblo y a la vez custodia el aeropuerto. A partir de este punto ya contamos con señal de celular, sin embargo, para poder tener internet es necesario ubicarse en la mitad de la plaza central, visitando previamente el punto de “vive digital” para poder obtener la clave que nos permitirá la conectividad. Recuerde, es solo en ese punto del parque que funciona la clave y puede guiar siguiendo al grupo de personas que se sitúa en el lugar, no tiene pierde.

El parque cuenta con paneles solares y está adornado con las figuras de los animales representativos de la región, es colorido, bonito y muy limpio. Por otra parte, tendrá usted el placer de conocer la hermosa iglesia del pueblo y a su patrona, “La Virgen de la Macarena”. Una inmensa paz se respira en este lugar.

Caminé solo una cuadra para llegar a la orilla del “Rio Guayabero” y apreciar la partida de una lancha rápida del Ejercito la cual, creo, pertenece a la fuerza de tarea Omega. Recapitulando, la presencia del estado colombiano recae específicamente en lo que pueda hacer el ejército y la policía. Con la ausencia de vías y comunicaciones, entre otras limitaciones, en la región solo es posible recordar que existe gobierno siempre y cuando usted se mantenga en la rudimentaria carretera. El ejercicio de la gobernabilidad en nuestro país al parecer ha sufrido una drástica transformación y valdría la pena revisar si el cambio es intencional o simplemente es el resultado de la insuficiencia de las posibilidades.

 

 

 

 

 

 

 

 

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