Un rosario de dificultades para el niño y su familia le ha implicado el padecimiento de déficit de atención e hiperactividad.

“Es muy inquieto, no presta atención, no trabaja en clase, golpea a sus compañeros”, son las quejas más frecuentes que recibe Natalia Yiseth Camacho de su hijo de 8 años Luis Esteban.

A los 5 años el niño fue diagnosticado con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, más conocido por sus siglas TDAH. Según estudios que se han hecho al respecto, se trata de un trastorno del neurodesarrollo muy serio, debido a que el cerebro de estos niños tiene un desfase o inmadurez.

De hecho, el TDAH es el trastorno más diagnosticado en la infancia y en la adolescencia tanto por médicos como por psicólogos. Pero solo quienes lo padecen y sus familias saben realmente lo que es y sus implicaciones.

La vida con un niño con este trastorno no es sencilla. Ni para los padres, ni para sus hijos. Debido a su condición, a Esteban le cuesta controlar su conducta. No se puede concentrar o poner atención a una tarea o actividad específica hasta terminarla, hacer sus deberes escolares es un esfuerzo titánico, se aburre con facilidad, su inquietud motora es bastante alta y ha empezado a tener crisis de ansiedad.

“Mientras está haciendo una tarea escolar muerde el lápiz, desmenuza el borrador, raya la hoja, o le estás hablando de algo y él no te mira a los ojos, o de un momento a otro él cambia la conversación. No se puede controlar por sí mismo, es impulsivo y no es consciente de asumir riesgos, él puede subirse en lo más alto y tirarse sin sentir miedo, se puede caer y golpear duro y vuelve y se para tranquilo como si no sintiera dolor”, comenta la madre.

Esteban mantiene su cuarto demasiado desordenado y le gusta así. “Yo entro y le ordeno todo y en menos de tres minutos deja todo otra vez desorganizado, tú lo dices no cojas eso y él lo va haciendo, entonces es una pelea constante. Yo tengo otras dos hijas y entran en choque con él, se tiene que llenar uno de mucha paciencia”, continúa Natalia, quien angustiada confiesa que manejar la situación le es muy difícil.

Pero Natalia destaca también que aunque se le juzga más por sus cosas negativas, Esteban tiene muchos aspectos positivos, es un niño creativo, imaginativo. Su mente mantiene dispersa, pero es muy rápida. “Él te hace sumas y restas mentalmente, pero si lo pones a escribir en un cuaderno es ahí donde se frena porque la parte motriz lo aburre, por ejemplo la profesora está explicando un tema y él está es haciendo manualidades porque le gusta mucho, pero la profesora le pregunta y él le contesta”, dice Natalia.

Desde el Preescolar ya sumaba y restaba. Y aprendió, según recuerda la madre, de una manera muy singular. “Cuando Esteban tenía 3 años y medio necesité salir para autorizar una cita urgente y lo dejé con mi hija mayor, ella casi lloraba porque sabía que es muy inquieto. Imprimí unos dibujos los cuales tenían unas operaciones matemáticas y con el resultado daba un color para colorear esa zona del dibujo, le di varios de esos, lo senté y le expliqué rápidamente qué debía hacer y cómo sumar y restar, él me dijo mami ya entendí, y yo me fui. Cuando regresé oh sorpresa que el niño me estaba esperando con sus hojitas y me dijo ya terminé. Revisé y todas las operaciones estaban bien, eso sí había coloreado a su modo. Ahora ya multiplica y divide pero mentalmente”.

 

¿Y en el colegio?

Poder que su hijo reciba una educación acorde a su condición, y que su interrelación con los demás sea más fluida le ha costado mucho a Natalia.

Ni en colegios privados ni en públicos ha logrado conseguir que le brinden una atención integral. Ha tenido profesores que se han involucrado más que otros, pero a Esteban no le ha ido del todo bien.

Actualmente el niño está haciendo Segundo grado en la Institución Educativa Ricardo Borrero, luego de que su mamá instaurara en el año 2017 una acción de tutela porque en todos los colegios que visitaba le negaban el acceso.

“Inicialmente estuvo en un colegio privado en el cual le dieron un buen manejo y al niño se le vio un avance académico pero después se les salió de control, para el mes de octubre ya el niño no hacía nada, a las 9 de la mañana ya me estaban llamando de allá que fuera a recogerlo porque se estaba trepando en las paredes o se encerraba en el baño,  esa vez perdió su año escolar, el grado primero”, comenta Natalia.

Menciona que intentó poner a Esteban en otro colegio privado pero los costos educativos le resultaron demasiado altos para la familia. “En un colegio trataron de ayudarme haciéndome un descuento, consiguiéndome padrinos, pero los costos continuaban de todas maneras difíciles porque era de jornada continua y debía pagarle almuerzos a 6 mil o llevarlo y traerlo a mediodía y no se me facilitaba por mi trabajo. En otro colegio me recibían al niño pero un grado inferior, a Prescolar y no aceptamos”.

En la tutela, la madre de familia pidió que su hijo pudiera acceder a un colegio, y que fuera cerca de su lugar de residencia, ubicada en el norte de la ciudad de Neiva, o que le suministraran el transporte. Pero como se puede evidenciar, su petición no fue cumplida a cabalidad. “En el 2018 el niño estuvo todo el año sin transporte en parte por negligencia de la Secretaría de Educación Municipal que no lo incluía dentro de los listados teniendo los informes de la rectora que confirmaba que el niño sí requería del servicio. Ya este año estamos en agosto y tampoco ha tenido transporte, he puesto desacato entonces Secretaría ha optado por darme el dinero, 4 mil pesos diarios”, indica.

Natalia menciona que en el grado Segundo su hijo está teniendo dificultades, no está rindiendo, entre las cuatro paredes del salón no puede estarse quieto y se sale, lo que le crea vacíos en los temas académicos.

“Mi hijo se está volviendo ansioso y agresivo, él al final es un niño muy noble y muy tierno pero sucede que de parte de los compañeros está recibiendo bulling porque al ver que consume pastillas, le dicen loco, ha empezado a tener esa discriminación por parte de los compañeros y él se ha empezado a llenar de rabia”, expresa Natalia.

“En la Institución educativa tienen un programa para niños con necesidades especiales NE, pero consiste en un salón que lo llenan con 25, 30 estudiantes con diferentes problemáticas y con un solo profesional de apoyo, son a mi modo de ver, niños que se portar mal en su salón y lo mandan para allá a que jueguen con tapitas y cosas didácticas”, explica la mamá.

Natalia, la madre, aunque angustiada, continúa al lado de su pequeño ayudándolo.

 

Sin tratamiento médico

Desde que a Esteban le fue diagnosticado el trastorno, su tratamiento ha consistido en terapias y medicación que deben ir a la par. Sin embargo ha encontrado varios tropiezos para continuarlo a cabalidad por parte de la EPS Medimás a la que está afiliado.

Natalia Camacho indica que desde hace un tiempo no le está funcionando a Esteban la medicación que tiene actualmente y considera que debe reevaluársele la dosis. Debió colocar un desacato porque la EPS le ha incumplido con asignarle la cita de control con psiquiatría infantil. “El último control fue en abril de este año y debían verlo de nuevo a los dos meses y aún no se ha logrado todavía la cita. Con el desacato sigo esperando que en cualquier momento me llame la EPS para asignármela”, dice.

Así mismo, el niño había estado asistiendo a terapias para ayudarle a su autocontrol. Pero según asegura Natalia, por falta de pago Medimás hacia la IPS que le hacía las terapias ocupacionales, conductuales, del lenguaje y rehabilitación cognitiva le cancelaron los servicios al niño desde hace más de un mes.

 

“No hay cómo cubrir sus necesidades”

Los profesionales que han tratado al pequeño Luis Esteban han recomendado a la madre que el niño siempre debe estar en una actividad extracurricular, y debe estar en colegios donde tenga una atención más personalizada, es decir que el grupo no exceda de 15 niños.

Sin embargo Natalia argumenta que devenga un salario mínimo y le es difícil proveerle a su hijo con TDAT todas las cosas que él necesita. Asegura que lo ha tenido en clases de natación, música, gimnasia. Pero si tiene para pagarle un mes de actividad extracurricular ya al siguiente no le es posible tener el dinero, o recibe quejas de que no deja dar clases.

Esteban también estuvo en un Centro de Neurosicólogos para que recibiera apoyo escolar y en su parte conductual, pero solo estuvo mes y medio porque el costo era elevado y no estaba rindiendo lo que se esperaba “porque está descontrolado”, dice su madre.

Ella asegura que todas esas implicaciones debilita la vida familiar. La atormenta el hecho de que el comportamiento de su niño ha variado de forma negativa. “A mi hijo nadie lo invita a una fiesta o si nos invitan no vamos porque es difícil ir con él, hasta la familia más cercana ya está desesperada, no saben cómo controlarlo. Trato de sobrellevar de la mejor manera todo, pero me siento abatida porque no encuentro apoyo por ninguna parte, solo recibo un aluvión de quejas de todas partes”.

Natalia de 30 años de edad, es Tecnóloga en Gestión Administrativa del Sena y no ha podido ubicarme laboralmente en una empresa donde los ingresos sean mejores. Ha tocado muchas puertas, buscando que le brinden la atención que el niño necesita, un tratamiento continuo y bueno pero aún no logra encontrarlo. Espera que Esteban y el resto de su familia puedan superar esa etapa.

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