+Froilán, obispo de Neiva

Este es un país atiborrado de normas. Las empresas y entidades del Estado, con algunas buenas excepciones, son de las más ineficientes del mundo. Hay empleados, sobre todo mandos medios, que entienden el verbo administrar y lo aplican ‘motu proprio’ como complicar. Hay funcionarios que se dan aires de grandeza y de necesidad, agregándole otros pasos a los procesos, fomentando la centenaria costumbre de aburrir al usuario del servicio, desistiéndolo de su petición. Hay gente que se aburre por cansancio, hay funcionarios que son más duros que una montaña de hielo y… no pasa nada, nos los tenemos que aguantar; vaya un alto ejecutivo a poner orden en su empresa y verá lo que le pasa, se va primero a la cárcel o es solicitada su renuncia, que irse el empleado paquidérmico ineficiente. En el sector público, sobre todo, los procesos están hechos para demorar la ejecución de los proyectos. Hay que afirmarlo con toda claridad y respeto, los órganos de control, con frecuencia torpedean más que orientar; cuando están llamados a asesorar y a evitar colapsos en la ejecución de los presupuestos; a veces filtran el comino y se tragan el camello, en ello no es raro encontrar sesgos partidistas en los procesos y fallos. De este modo, ¿Cuándo este país saldrá de la corrupción endémica? Antes la controlaría tenía el control previo en los procesos de ejecución presupuestal; ahora, por facilitar la ejecución se ha dejado el control al final de los procesos; ¿resultados?; -como el cangrejo, de para atrás-. El exceso de trámites es un buen caldo de cultivo en favor de la corrupción, aquí es donde se encuentra el terreno abonado para cultivar la venalidad del funcionario de turno. Considero a los ordenadores de gasto, con tantos trámites, se hace lenta y paquidérmica la ejecución presupuestal. En mi esquema de trabajo sufriría siendo funcionario público, me desespera la ineficiencia de algunas dependencias y de algunos funcionarios. Hay personas tan ineptas que se dejan ahogar en un vaso de agua. Por favor, no me traiga problemas, ofrézcame soluciones; quien mejor ve la solución es quien vive el problema. Hay gente que pareciera que no tuviera dos dedos de frente, a todo le encuentran problemas y para no hacer las cosas, tienen a flor de labio la excusa. Ordinariamente quienes más critican son los más ineptos de las entidades. ¡Cómo se despilfarra el dinero del Estado! La izquierda resentida ofrece el oro y el moro para cambiar ese estado de cosas y llegando al poder se vuelve la peor tiranía. El Estado en general es mal administrador, las empresas del Estado, con algunas buenas excepciones, son ineficientes: tienen más empleados que los que necesita la empresa, -¡ah!, el clientelismo galopante-. La carrera administrativa que es buena en sí misma, con frecuencia es un arma de doble filo, pues hay personas que se escudan en que son inamovibles, son inoperantes y … entonces, ¿quién los saca? Nos toca aguantar, se parapetan en organizaciones y se sienten con los cargos escriturados. En este estado de cosas nos tocará seguir padeciendo la ineficiencia del Estado. Amanecerá y veremos.

 

 

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