BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ

Benhur Sánchez Suárez

 

Preparados. Vuelve la feria de las promesas (las incumplidas de otros años ya olvidadas), la feria de los ofrecimientos de honestidad hecha por cientos de acusados por corruptos (no debieron haberlos inscrito cuando se sabe que tienen investigaciones en curso), vuelven las estúpidas esperanzas de los necesitados por ver reducida su angustia y su pobreza.

Vuelve la feria de los votos.

Qué curioso. Los que ayer no saludaban o nos miraban por encima del hombro hoy ofrecen una amplia sonrisa de cumplido, se comprometen con nuestros sueños como si fueran suyos y ya contabilizan nuestro saludo como un voto más. Qué triste.

Hay que pensarlo bien. La corrupción y el desbarajuste gubernamental no se combaten sino con nuestro voto. Es decir, gran parte de la solución está en el voto que depositemos por nuestros próximos gobernantes. No nos dejemos convencer: el tamal pasa en media hora, la desgracia se prolonga por toda la vida. El dinero que les den se acaba en poco tiempo, la situación de pobreza continuará casi eterna en el horizonte de sus vidas.

Piensen por qué las penas para los corruptos y ladrones de cuello blanco son irrisorias mientras seis millones de colombianos viven en la miseria. Mueren en la pobreza. Piénsenlo.

Y no lo digo yo. Lo dice “Transparencia por Colombia”, después de analizar la situación del país en los últimos años. Ellos confirman que entre el 2016 y 2018, los corruptos se embolsillaron $18 billones de pesos, lo que equivale a $16.424 millones por día, es decir, $785 millones de pesos por hora. El 69% de ese gigantesco robo es de alcance municipal, el 25% departamental y el 6% nacional.

Miren bien las cifras. Cuando vayan a votar acuérdense de estos informes tan contundentes. El 39% de los corruptos son funcionarios públicos, el 30% de esos funcionarios son elegidos por voto popular y, fíjense bien, de estos el 41% son concejales, el 40% son alcaldes, el 10% son gobernadores, el 7% son diputados y el 2% son congresistas.

Piénselo. No malgasten su voto por un espejismo pasajero. Combatamos cualquier indicio de soborno, que hoy se da hasta en los mínimos actos de la vida: el señor que le lleva chocolatinas a la funcionaria para que lo atienda primero, el que ofrece porcentaje para que le salga la liquidación más pronto que a los otros, los que ofrecen tajada para que se tramite su contrato con mayor rapidez de la normal.

Denunciémoslos.

No permitamos que se burlen de nuestra ciudadanía, porque ser colombiano debe ser un honor y no una vergüenza. Acabemos con esa feria que en cada elección montan con promesas los que solo cumplen con sus ambiciones y sus amistades y no con el país.

Derrotémoslos.

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