Jorge Fernando Perdomo

La próxima jornada electoral será una buena oportunidad para que los Huilenses hagamos un ejercicio racional, de evaluación a todos los aspirantes a destinos democráticos, como alcaldías, concejos, asamblea y gobernación, encontremos la pertinencia de sus propuestas, consideremos su valor social y decidamos por las mejores y las más posibles.

Porque prometer imposibles es un acto falaz de engaño a los electores, al que los Huilenses nos hemos acostumbrado, como si prefiriéramos vivir en la ficción para evadir la realidad, como si nos hubieran entrenado desde niños para ser felices con la mentira, que aceptamos, en silencio, en un acto de irresponsabilidad que nos convierte en cómplices.

Mentir es ocultar la verdad, por eso también resulta pertinente, en este ejercicio democrático, auscultar quien está detrás de cada candidato, cuales son los dirigentes políticos o los conglomerados económicos que patrocinan esos proyectos. El adagio popular “dime con quién andas y te diré quién eres” cobra especial relevancia para saber, cuál será el destino de la región.

La candidatura de Carlos Ramiro Chavarro, tuvo origen en una encuesta abierta, donde se consultó un significativo número de personas sin distingo de filiación política.

El resultado fue el otorgamiento del aval por el partido conservador a Chávarro, donde siempre ha militado y del cual nunca a apostatado, sin la injerencia de los llamados jefes con sus estructuras, pues el encuestado fue una masa amorfa sin identidad partidista que expresaba a su albedrio quien quería fuera su gobernante en el próximo cuatrenio.

El compromiso y la seriedad de los protagonistas en este procedimiento popular, determinó la unidad del partido conservador, y generó tal dinámica que con el pasar de los días ha permitido recalar otras fuerzas políticas con importante presencia en el departamento, fortaleciendo su proyecto, permitiéndole registrar en el primer lugar en todas las encuestas.

Chavarro se erige como un líder con amplio arraigo popular, comprometido con un departamento agobiado por la pobreza, la falta de oportunidades, con tasas de desempleo galopantes, una sociedad amenazada por la inseguridad, en franco deterioro en todos los índices de competitividad.

Caer en el engaño de una candidatura construida por firmas de los ciudadanos, renegando de sus orígenes y militancia, por todos los huilenses conocida, no dará frutos.

Recordemos que en la pasada elección presidencial un opcionado inscribió su candidatura con cerca de 6 millones de firmas para que a la hora de la verdad en las urnas solo recaudara 1 millon 400 mil votos.

Deberíamos tener claro que los mentirosos nunca cambian, solo mejoran sus estrategias para mentir: La tierra prometida que nunca veremos, la pobreza que nunca erradicaremos, las promesas nunca cumplidas y que se desvanecen como los recuerdos en el tiempo. Recompensar la mentira es condenarse a un futuro siempre perdido.

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