Carlos Eduardo Amézquita

Regularmente es aceptado que las matemáticas dan la posibilidad (a los economistas, por supuesto) de formular, enunciar y anunciar, proposiciones significativas y verificables, acerca de temas complicados como aquellos que tocan con el “Mundo de la Vida”; incluso, los que tocan con las relaciones de “lo-humano y lo no-humano” con “lo-divino”.

Son relaciones “no-fáciles” (not easy) de comprender normalmente; incluso, para lectores desprevenidos y/o para lectores creyentes.

Gran parte de la Teoría Económica está representada en forma de modelos económicos matemáticos, diseñados para dar claridad a suposiciones e implicaciones fácticas (céteris paribus), hechos y sucesos acaecidos en la vida común y silvestre.

Esta es, ni más ni menos, la aventura teológica y metódica en la que el economista Guillermo León Córdoba Sarmiento se inspiró para “rasguear” un texto pedagógico denominado “La economía de los Apósteles” (útil en épocas de sequias, cambio climático y calentamiento universal).

Guillermo es un economista coherente, parece disfrutar con la aplicación de postulados de la ciencia económica para demostrar la validez y vigencia de uno de los hechos más controvertidos en la vida de Jesucristo: la multiplicación de los panes y los peces en la región de Tabgha.

Tabgha, está situada en Tierra Santa (costa norte del mar de Galilea), y es el lugar donde la tradición bíblica sitúa la multiplicación de los panes y los peces. Es la puerta de entrada a Cafarnaúm (hoy Israel, a orillas del mar de Galilea, también llamado lago Tiberíades o Kineret). Recibe también el nombre griego de Eptapegon, que significa “siete fuentes”, en fin…

Recomendación Oportuna: Nos vemos mañana 15 de agosto en el Auditorio Central del Banco de La República (4 p.m.).

Comentarios

Compartir
Artículo anteriorEl desafío
Artículo siguienteNi se compra, ni se vende