La problemática del consumo y el microtráfico de estupefacientes al interior de la Usco se ha desbordado.

Son 13 mil estudiantes los que tiene la Universidad Surcolombiana, y solo la sede central en Neiva alberga poco más 9 mil. Entre ellos, una pequeña minoría son consumidores de marihuana y otras sustancias alucinógenas. Lo que realmente preocupa es que alrededor de ese consumo se ha formado toda una estructura delictiva, redes de microtráfico de droga que se han metido al claustro universitario.

La problemática viene desde hace muchos años, pero parece agudizarse cada vez más. Estas redes de microtráfico se han apoderado de algunos territorios dentro de la universidad, y junto con los consumidores entran a lidiar no solo con los estudiantes que realmente van a realizar su carrera, sino también con las directivas del establecimiento educativo.

Estos espacios abiertamente conocidos son, la mal llamada Plaza Jaime Garzón, el periodista asesinado vilmente que abogaba por una Colombia de jóvenes inteligentes y con verraquera para lograr la paz y buena educación. Pero que se había convertido en un lugar de decadencia por la drogadicción, excepto por algunos vestigios de expresión cultural y artística.

La peña y el bosque, ubicados alrededor de la cancha de futbol en la parte inferior de la universidad son también sitios utilizados para el consumo pero también de venta de estupefacientes.

“Cerca de la cancha de futbol, hay un sitio que han denominado la peña, parece una “olla” al lado de un río del peor estereotipo, con unas personas que no son estudiantes y están acudiendo a este escenario a consumir. Hay niños que van allí a la escuela de futbol y los tipos fumando marihuana como si nada, el olor es desesperante. Es mucho más fácil conseguir una dosis de marihuana o de cocaína en la universidad que una cerveza”, asegura uno de los profesores de la Usco.

El bosque es un espacio de espesa vegetación, al lado del bloque de Economía. Se ingresa por un estrecho camino, y al parecer es centro de operaciones de los microtraficantes, muchos de ellos personas externas de la universidad. En estos espacios utilizados para la venta, se pueden conseguir cigarrillos de marihuana hasta por dos mil pesos.

 

Quitarle espacios a la droga

El tema no es de poca monta, reviste de una gran complejidad. En mayo del 2018, el fallo de una acción de tutela interpuesta por una estudiante, obligaba a la Usco a controlar el consumo de sustancias alucinógenas. En la tutela, solicitaba la protección de sus derechos fundamentales como: la salud, educación y ambiente sano al espacio público. Y argumentaba que los salones del bloque de Educación eran los que se veían especialmente afectados por el humo de los fumadores en la plaza ‘Jaime Garzón’.

Esto ayudó a que desde el Consejo Superior de la Usco se planteara nuevamente la necesidad de implementar una estrategia y un protocolo de acompañamiento para el flagelo del microtráfico. Pero la tarea no ha sido sencilla.

“Se habían instalado tres mesas de concreto y los estudiantes colocaban música a alto volumen, incluso los viernes tomaban trago y el consumo de marihuana era de las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche, absolutamente empoderados del espacio”, indica uno de los miembros del Consejo Superior.

Efectivamente en la Plaza ‘Jaime Garzón’ se ha tratado de intervenir administrativamente buscando desalojar ese sitio de consumo de estupefacientes.

Existía un plan de obras anterior para este sitio, y lo que hizo la administración de la universidad fue ampliar las oficinas de Servicios Generales, reduciéndole varios metros a la plaza. Igualmente, al lado del restaurante de los profesores había un espacio donde inclusive hace un tiempo los consumidores quemaron unos pupitres a manera de protesta, y ahí se construyó el taller de mantenimiento.

También se llevaron a cabo otras adecuaciones. Las mesas de la plaza fueron quitadas y trasladadas a la cafetería del bloque de Ingeniería. Las paredes fueron pintadas, no había iluminación y se colocaron dos reflectores, los corredores quedaron despejados, y se dejó un celador de tiempo completo en la Plaza. Todo lo anterior, ha producido que a la fecha se haya reducido el consumo y el microtráfico de estupefacientes.

El cambio de aspecto de este espacio ha sido polémico. Algunos estudiantes y profesores lo han celebrado, otros tratan no dejar morir este espacio de “cultura rebeldía y autonomía que existía dentro de la U” realizando cada viernes eventos culturales y conciertos.

“No estamos en contra de los espacios de los estudiantes sino que se había mal utilizado el espacio. No es persecución con el consumidor, que es lo que ellos han tratado de plantear, es la lucha de que no vamos a permitir el microtráfico dentro de la universidad”, menciona el vicerrector de la Universidad Surcolombiana, Camilo Núñez,  a quien el tratar de liderar el control al microtráfico le ha costado amenazas serias en su contra.

En la Plaza ‘Jaime Garzón’ la administración intervino con adecuaciones este espacio que era utilizado para el consumo de drogas.

Enraizada

Pero, ¿cómo entra la droga en el claustro universitario en medio de todo este engranaje delincuencial? Según información allegada a las directivas de la Usco, parece ser que se trata de dos grupos distintos de microtraficantes que operan, entre los que hay personas externas a la universidad.

La universidad cuenta con 10 vigilantes de planta solo para la parte interna, y otro número similar correspondiente a vigilancia privada que se encarga de las porterías y la parte externa del claustro universitario.

Y aunque cada vez parecen más exigentes, los microtraficantes se las ingenian para poder ingresar la droga. “A uno que es estudiante lo molestan pidiéndole cuanto documento para poder ingresar, pero a los que entran con droga no entiendo por qué no los delatan”, manifiesta uno de los estudiantes.

Para reforzar la seguridad, son varias las propuestas desde el Consejo Superior, como contratar una compañía de vigilancia con caninos para el control de ingreso de estupefacientes. Se ha propuesto también el registro con huella digital para el ingreso, lo que puede crear toda una polémica alrededor de la universidad pública, pero hay quienes lo creen necesario para que la universidad sea un sitio seguro y agradable para la investigación, no de decadencia.

Se ha planteado de igual manera la adquisición de cámaras de seguridad dentro de la sede central, para lo cual se piensa destinar una inversión de recursos este año.

Además, el Rector presentó ya las denuncias de esta situación, ya existe una noticia criminal en la Fiscalía, pero hasta ahora no hay resultados tangibles en un tema tan evidente.

Es de recordar que en abril del 2016, producto de un trabajo de varios meses entre la Fiscalía y la Policía Metropolitana de Neiva, se logró desmantelar y judicializar una banda conocida como ‘Los Universitarios’ comprometida en la comercialización y distribución de droga en la Universidad Surcolombiana. En esa ocasión, cuatro de sus miembros aceptaron su culpabilidad y negociaron con la Fiscalía la pena de prisión, uno más se fue a juicio y terminó siendo condenado.

Pareciera entonces que el negocio de estupefacientes simplemente cambió de mano o de dueño, pero continúa operando en los ya conocidos sitios como la Peña y al bosque. Se trata de un negocio que mueve millonarias sumas de dinero, como sucedía en otra universidad del departamento de Cundinamarca, donde hace algunos días las autoridades lograron dejar en descubierto una peligrosa red delincuencial dedicada al narcomenudeo a su interior, y que movía cerca de 50 millones de pesos mensuales.

El consumo y el microtráfico de estupefacientes se han adueñado de espacios de la universidad, y se ha cedido mucho terreno frente a este tema. El bosque es uno de ellos.

Se abre el debate

Para las directivas y una buena parte de estudiantes de la Usco, la problemática del consumo y el microtráfico ha empeorado.

“Esta situación no es ajena a la realidad de las diferentes universidades públicas y hasta privadas del país. Al que le gusta consumir hay que dejarlo, alguien planteaba incluso construir una maloca de consumo controlado, pero entonces habría también que montar una bar para quienes gustan del licor. Creo que la universidad no tiene ese contexto para que lo utilicemos en ese escenario. Y aquí se trata de normalizarse una situación que no es normal, es importante establecer mecanismos”, menciona un directivo.

A su vez un estudiante opina, “Los consumidores o la comunidad cannabica no entienden que la universidad no es un parque público, es una institución educativa y tiene unas restricciones. Suelen acudir al argumento de que hay mojigatería, argumentan un discurso de que la marihuana sirve para cualquier cosa. Que consuman lo que quieran, finalmente es su vida, pero dónde lo hacen y quién la comercializa, quién monta el negocio que mueve plata al interior de la universidad. Muchos estudiantes consumidores también se organizan y entonces son líderes estudiantiles y buscan apoyo. El tema interno es complejo. Y es falta de respeto frente a los derechos de las otras personas que solo quieren ir y hacer su carrera universitaria”.

Ahora, los estudiantes entran muy jóvenes a la universidad, incluso de 15 y 16 años, aun menores de edad. Para las directivas de la Usco, resulta preocupante el hecho de que no estén seguros, pero más lamentablemente aún es que se ha detectado que los estudiantes ya son consumidores desde los colegios, un tema de salud pública que debe trabajarse de manera articulada con el Municipio y demás autoridades.

 

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