Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara compartieron las mismas banderas y las mismas tribunas.

RICARDO AREIZA

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Las vidas como las muertes de Luis Carlos Galán Sarmiento y  Rodrigo Lara Bobilla, terminaron entrecruzadas, por inexplicables señales del destino.

Los dos de origen liberal, terminaron fundidos en un mismo ideal, basado en la dignidad, la lucha contra la corrupción, el narcotráfico y las maquinarias clientelistas. Antes, en plena juventud, se desempeñaron como Ministros. Galán en Educación y Lara en Justicia. En su momento fueron los más jóvenes en esas carteras.

Lara y Galán, fundaron el Nuevo Liberalismo, en 1980, al lado de una nueva generación del liberalismo. Un año antes apareció el movimiento, disidente del liberalismo oficialista. Enrique Pardo Parra, Álvaro García Herrera y Rodrigo Lara Bonilla, entre otros enarbolaron esas mismas banderas al lado de Julio Bahamón, Jairo Morera Liscano, Hugo Tovar Marroquín, Jaime Ucros, entre otros.

Muchos de ellos, leales alfiles de la Dignidad Liberal, curiosamente, terminaron arriando las banderas, alineados en la otra orilla, que antes izaban con fervor.

Los dos caudillos, unidos por el mismo ideario, se ganaron los mismos enemigos, quienes finalmente terminaron ‘enredados’ en los dos magnicidios.

Enemigos comunes

Después de 35años, solo una persona ha sido condenada por el magnicidio de Lara Bonilla. Uno de los sicarios, capturado el mismo día del atentado, quedó libre luego de purgar una pena cercana a los once años. El otro fue abatido. Ambos eran sicarios del Cartel de Medellín.

Aunque el propio Lara, había señalado en vida a los posibles responsables de su muerte, la justicia nunca avanzó.  El ex ministro Alberto Santofimio Botero, condenado a 24 años de cárcel como coautor intelectual del asesinato de Luis Carlos Galán, apareció entre los primeros señalados, pero nunca se le vinculó por este caso.

El año pasado la Fiscalía anunció pruebas para vincular a los ex congresistas Alberto Santofimio Botero y a Jairo Ortega, en el crimen de Lara. Ortega, quien compartía la curul con Pablo Escobar urdió el plan para infiltrar la campaña de Lara Bonilla.

Galán y Lara, banderas comunes.

El complot

Galán fue asesinado el 18 agosto de 1989 en la plaza de Soacha (Cundinamarca) en plena campaña política sicarios del Cartel de Medellín, asociados con agentes del Estado.

Una semana antes, Galán se salvó de un primer atentado en Medellín, planeado para el 4 de agosto de 1989. El coronel Valdemar Franklin Quintero, el aliado incondicional de Lara Bonilla, lo previno y logró frustrarlo. El oficial murió el mismo día que Galán.

Solo fueron condenados los gatilleros Jaime Eduardo Rueda Rocha, Henry de Jesús Pérez, los autores materiales.

Galán, al igual que Lara Bonilla, fue blanco de un elaborado complot en el que estuvieron involucrados, entre otros, el general Miguel Maza Márquez; Jacobo Torregrosa, jefe de los esquema de seguridad. ​Torregrosa, según los parientes de Galán, desmanteló el esquema de seguridad y en su lugar designó escoltas novatos y había permitido la infiltración de los sicarios en el ataque.

El crimen de Lara Bonilla, perpetrado por el Cartel de Medellín, reflejó el mismo plan criminal. El magnicidio habría sido ejecutado por sus propios guardaespaldas, con la complicidad de otros sectores, incluidos los organismos de seguridad del Estado, según un nuevo dictamen, en poder de la  Fiscalía.

El dictamen fue realizado por el exdirector del Instituto Nacional de Medicina Legal, Máximo Alberto Duque.

Lara Bonilla emprendió en solitario una lucha contumaz contra el narcotráfico. En su momento más crítico, fue abandonado por el propio Galán y por el Nuevo Liberalismo. También por el Gobierno Nacional.  Galán en su momento no apoyó a Lara, atacado por el narcotraficante caqueteño, Evaristo Porras. Eso en parte los separó.

Lara Bonilla se jugó la vida contra la mafia pero no logró detener su auge ni frenar su carrera criminal. La mafia no le perdonó semejante osadía.

Galán y Lara, distanciados por el narco cheque.

La narcoguerra

La guerra con Pablo Escobar comenzó en 1882. Durante una manifestación en el Parque Berrío de Medellín Galán expulsó a Pablo Escobar del partido Liberal. En septiembre de 1983, Lara, siendo Ministro de Justicia, abrió el debate por la presencia de dineros de la mafia.

Jairo Ortega, el hombre que le facilitó a Escobar llegar al Congreso como su suplente, inició la campaña para silenciar a Lara. Al final se quedó solo en esa lucha y Lara terminó muerto.

El crimen de Lara Bonilla originó una guerra brutal emprendida por Pablo Escobar cuando se sintió acorralado. La extradición, el terror de la mafia, declarada a la fuerza por el presidente Belisario Betancour durante el sepelio en Neiva, desescalonó la ofensiva terrorista.

Cumpliéndose los presagios que Lara había anticipado durante su fugaz tránsito por el Ministerio de Justicia, fueron cayendo uno a uno fueron quienes se atrevieron a desafiar el poderoso imperio que Escobar Gaviria había edificado con la complicidad de políticos y agentes del Estado.

Después de Lara, acribillado el 30 de abril de 1984,  siguieron la ruta macabra Luis Carlos Galán, Guillermo Cano, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, innumerables jueces como Manuel Castro Gil, quien procesó a Pablo Escobar y valerosos policías como el coronel Jaime Ramírez. También fueron asesinados a sangre fría el procurador  Carlos Mauro Hoyos, decenas de periodistas y abnegados servidores de la justicia.

El segundo semestre de 1989 el narcoterrorismo propiciado por ‘Los Extraditables’, mostró la brutalidad de sus protagonistas. Entre agosto y diciembre de ese año explotaron 88 bombas en calles, bancos, sedes políticas, instalaciones públicas, hoteles, residencias, periódicos y centros comerciales de las cinco principales ciudades del país. En las últimas cinco semanas de ese año volaron un avión de Avianca en pleno vuelo y dinamitaron la sede del DAS. En los dos ataques perecieron171 civiles y 250 quedaron heridos. Entre 1989 y 1993 un total de 120 carros bomba explotaron en diversas ciudades del país.

Siguen vigentes

Hoy después de 30 y 35 años de los dos crímenes, las alertas que Galán y Lara, lanzaron en su tiempo están confirmadas. Las banderas que ambos izaron y agitaron por el decoro, siguen ondeando intactas en medio de la incertidumbre.

Y no sólo las banderas contra las mafias del narcotráfico, hoy perfeccionadas y económicamente empoderadas. También las banderas que levantaron contra de los carteles de la corrupción, que siguen desangrando al país, al lado de una vieja casta política que los alienta a punta de clientelismo.

Las viejas maquinarias que les cerraron el paso y opacaron sus sueños, tres décadas después, permanecen inéditas, atizando la guerra, al lado de los carteles de nueva generación que mantienen las mismas estructuras.

Pero además, profundizadas, en un brutal escenario donde interactúan los descendientes del extinguido cartel, rebautizados y empeñados a toda costa a “refundar la patria”.

 

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