Padre Elcías Trujillo Núñez

Si miramos al hombre moderno, podemos distinguir dos clases de personas. El HOMBRE ADAPTADO. Sufre bajo una enfermedad grave y universal: la masificación. Por eso, podemos llamarlo también el hombre masa. Es aquel que piensa porque los demás lo piensan; aquel que dice lo que dice, porque los demás lo dicen; el que hace lo que hace, porque los demás lo hacen. Es un esclavo: un esclavo de lo que dicen los diarios y la televisión, de lo que opina su partido, de lo que dicta la moda – porque “hay que estar en onda”. El hombre masificado no piensa por sí mismo y no decide por sí mismo, sino se deja arrastrar por los demás. Por eso, no tiene personalidad, ni carácter, ni interioridad. Tal vez deberíamos vernos también a nosotros mismos en ese espejo del hombre moderno. Probablemente encontraríamos algunos rasgos nuestros en él. Al otro tipo de hombre podríamos llamar el HOMBRE CONTRADICCIÓN. Es el hombre anti-masa, el hombre plenamente libre, que puede pensar y decidir por sí mismo. Es capaz, por lo tanto, de asumir responsabilidades, de comprometerse, de ser fiel. Resulta ser una personalidad sobresaliente, pero también un hombre que inquieta y choca, que desconcierta y desafía, que nada contra la corriente. Y es porque actúa de acuerdo con su propia conciencia, y no con la opinión pública. Pero eso le da también una paz verdadera, una lucidez interior, una serenidad muy grande. Modelo de este hombre pleno, de este hombre nuevo, de este hombre-contradicción es Jesucristo mismo, pues, en su afán por anunciar el Reino de Dios, se esforzaba por contagiar el «fuego» que ardía en su corazón. Su vida no es una vida tranquila y tranquilizante. Todo lo contrario, es un profeta que crea conflictos en nuestra conciencia. Su paz no tiene nada que ver con lo que el mundo entiende por paz. Esta es una falsa paz, construida sobre la injusticia, la discriminación, la marginación. Frente a esta falsa paz, Jesús sí quiere la guerra. Jesús no viene al mundo para ser un hombre de paz, es decir, un hombre sin problemas y compromisos. Jesús viene al mundo para dar testimonio de la verdad y luchar contra la mentira, para anunciar la Buena Nueva a los pobres y denunciar la injusticia de los ricos y poderosos. Jesús viene al mundo para decir a unos: “¡Bienaventurados!” y a otros: “¡Ay de vosotros, hipócritas!”. En este contexto debemos entender el Evangelio de hoy: “No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra…” La palabra de Dios es conflictiva, porque pide nuestra conversión, la renuncia a nuestros planes egoístas, la lucha por un mundo mejor.

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