Por: Jorge Luis Salcedo Restrepo

En 1989 yo estaba en una edad espectacular, lleno de proyectos para mi familia, mi país y para mí. Alguna tarde llegué el 18 de agosto de 1989 a mi casa luego de ver unos pacientes en la clínica, muy agotado, y con ganas de ponerme a arreglar el país con mis amigos José Domingo Liévano, Luis Enrique Cuellar, Ernesto Liévano, Roy Estrada y otros, con los cuales compartíamos en el Condominio San Mateo de Rivera Huila. Sin embargo uno de mis “vicios buenos” era tener un radio de pilas para mantenerme actualizado de noticias. Fue ahí que de un momento a otro escuché la fatal noticia del atentado a Luis Carlos Galán Sarmiento, la cual me dejó súpito y con ganas de llorar y/o con muchas lágrimas en los ojos  más rabia interna. Galán no era el candidato que yo apoyaba en esa época pues toda mi vida había sido Alvarista a morir o hincha de Álvaro Gómez Hurtado por el único hombre que realmente he llorado cuando el Estado lo mandó a matar en el Gobierno de Samper. Cuando recibí la noticia del homicidio de éste último, iba de Neiva a Rivera a almorzar en mi casa, y, a la altura del Club Campestre paré, me estacioné, apagué el carro y dejé que mis sentimientos brotaran totalmente. Nunca había llorado tanto. Tenía ira y dolor, le daba golpes al timón del carro, mi reacción era como algo peor que la muerte de la persona con la cual uno más se identifica.

Con respecto  a Galán, la rabia era no solo mía sino de todo el país quién veía en este hombre al futuro presidente, un joven lleno de visión pura y limpia de lo que debía ser la Política Nacional.

Alguna vez escribí un discurso elogiándolo y dándole la bienvenida al municipio de Rivera. Mi esposa, en esa época, María Victoria Bahamón (Connie), le dio por lanzarse a la política y darle un discurso. Me pidió que se lo redactara y a pesar de ser un buen “godo” le hice su discurso para que quedara bien.

Ella quedó electa de concejal y fue presidente  del concejo por el partido de Galán; en esa época la Dignidad Liberal.

El país desde esa época vino de mal en peor hasta que llegó el gobierno del presidente Alvaro Uribe. Pasamos por un gobierno fatal como el de Samper, y otros muy malos como el de Gaviria y el de Pastrana. Gaviria nunca le llegó ni a los talones a Galán. Ojalá no se pierda la memoria de estos crímenes en la gente menor de 30 años.

 

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