Por: Froilán Casas Ortiz

No cabe duda que la mejor enseñanza, es el ejemplo, esta es una verdad de Perogrullo. Si usted no da ejemplo no tiene ninguna autoridad para exigir, no sea cínico, baje su autoritarismo, dé ejemplo para poder exigir. Para exigir cumplimiento a sus trabajadores, págales lo justo, lo que está establecido en el Código de Trabajo, dé bonificaciones para estimular la calidad; se trata de ganar todos. No sea ventajoso, por ahí empieza la violencia. Por favor, guárdese los discursos sobre la justicia social, si usted es avaro y explota a sus subalternos. En mi vida he encontrado y he leído a “personajes” abanderados de la justicia social y en su vida personal, son y han sido las personas más codiciosas del mundo. Uno es el discurso y otra es la vida, -lo más grave es que hay gente tonta que los sigue-. “Stultorum infinitius est numerus” decían los latinos, = es infinito el número de estúpidos.  Por favor, créale a gente coherente, es decir, que lo que pronuncian sus labios está respaldado por la vida. Los mejores padres, son quienes dan ejemplo. La conducta de los hijos es el reflejo de la conducta de los padres. El niño es una tabla rasa, todo lo que se escribe en ella, queda. El niño no aprende del vecino, aprende de usted. ¿Cómo será su hijo mañana? Lo que usted formó. La cabeza, la gerencia, marca la pauta en una organización; sus políticas  son letra muerta si ellas se ven en su conducta. De tales padres, tales hijos, sí que es verdad. Por favor, déjese de quejar del comportamiento de su hijo, si eso fue lo que le enseñó ayer, con sus palabras o con su ejemplo. Hoy uno de los estilos de ser padres es la permisividad: todo lo toleran, el niño siempre tiene la razón, lo complacen en todo si no se traumatiza, -se dice, ¡qué ignorantes!-. Decía Paulo Coelho: “Cuando Dios quiere enloquecer a alguien, lo complace en todo”. Qué pena decirlo, pero es la verdad: a mí me exigieron mis padres y maestros y excúsenme, no quedé traumatizado; gracias a Dios no sufro de ningún complejo. ¡Ah, no me desquité de mis padres porque un día me castigaron con razón!  Los amé entrañablemente hasta en el lecho de su enfermedad y su debilidad por el peso de los años. Nunca recordé sus “castigos”, marcados siempre por el amor y la responsabilidad; por otra parte, fueron ejemplo para mí. Excúsenme decirlo: mi modelo con mayúscula fija es JESUCRISTO, después, mis padres y de modo especial mi papá. ¡Qué error tan garrafal decir: le doy a mis hijos lo que a mí me faltó! ¿Qué le faltó? Lo más importante que hubo en su hogar: amor y ejemplo. Por favor, no busque “modelos” en los llamados “personajes” o en los libros; observe a la naturaleza: los árboles se podan y vean, ¡cómo prosperan! Se llenan de verdor y follaje, por ende, de copiosos frutos. El crudo invierno es presagio de una hermosa primavera, vean cómo crían las aves a sus polluelos; observe y aprenda.

 

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