Por: Benhur Sánchez Suárez

Uno de los atributos que más me llaman la atención en la narrativa de Jaime Echeverri es su acertado manejo del lenguaje. Y no lo digo sólo por sus cuentos, de los cuales ha publicado varios volúmenes, sino por sus novelas.

De sus cuentos conozco de cerca su primer libro, publicado en 1979, titulado “Historias reales de la vida falsa”. Además, es autor de las colecciones de cuentos Las vueltas del baile (Fundación Simón y Lola Gubereck, 1992) y El mar llega a todas las playas (Panamericana, 2010)

De sus novelas sigo admirando esa joya literaria que titulara “Corte final”, inicialmente publicada en México (Ediciones sin nombre, 2002) y luego difundida en Colombia (Hoyos Editores, 2007) También ha publicado la novela Reina de picas (Planeta, 1992, y Ediciones sin nombre, 1999)

“Corte final” es una bella novela que condensa sus apreciaciones sobre la historia de los manizaleños que, al mismo tiempo, es el espejo de su propio habitar la ciudad en su adolescencia. Es su visión personal de Manizales. Estupenda novela por el manejo del lenguaje, su economía, su precisión y su fluidez, al que no le agrega nada que interrumpa el fluir de las acciones y de los conceptos que condensa la novela.

Pues ahora, con esa misma precisión de lenguaje, de su depuración de un habla que oscila entre el lenguaje culto y el lenguaje popular, Jaime nos entrega un monólogo intenso, doloroso y muy actual que ha titulado “Prohíbo decir mi nombre”, publicado por Intermedio Editores (2019).

Un sátrapa, un dictador, un enfermo por el poder, un ambicioso por gobernar, es el protagonista de esta novela. El hombre está recluido en un hospital. En un largo monólogo en el que el eterno presidente está inmóvil, sin poder hablar, sólo puede usar su mente y recordar, reordenar conceptos, ordenarse a sí mismo y hacer en últimas el recuento de su más de treinta años de reinado, cuyo eje ha sido no tolerar ninguna disidencia.

Jaime logra en esta novela una caracterización fenomenal, siempre adornado del lenguaje preciso, justo, que no se extralimita, que crece y se aquieta al ritmo del monólogo. Es un monólogo valeroso y atrevido. Quizás su mayor inconveniente sea la identificación inmediata del lector con la historia actual del país, porque le quita sorpresa, aunque sea ficción.

A pesar de ser una de las novelas más extensas de Jaime es, sin embargo, una novela corta, con un poco más de doscientas páginas.

Jaime, en la actualidad, es psicoanalista, hace parte de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia y es tutor en la especialización en narrativa de la Universidad Central.

Amigos desde antes de publicar su primer libro, me alegra este nuevo logro suyo.

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