Luego de más de un mes de estar cerrada, fue reabierta la vía nacional entre Gigante y Garzón, afectada, a la altura del sector Bengala, por la pérdida de un tramo de la banca de la carretera. El origen de la emergencia: las aguas de la represa El Quimbo socavaron la vía a lo largo de más de 100 metros.

Tan pronto se presentó la emergencia, el gobernador del Huila, Carlos Julio González Villa, sin importar que esa carretera no es de su incumbencia y que toda la competencia recae en el Gobierno Nacional, se puso la ‘camiseta’ de la región. De inmediato, llamó a cuentas a Enel-Emgesa, la comprometió a reparar los daños y fijó un cronograma.

Toda la dirigencia regional, incluyendo instituciones como la Cámara de Comercio de Neiva, arropó la diligencia del mandatario de los huilenses, quien no contento con eso, hizo un seguimiento juicioso al desarrollo de los trabajos hasta lograr la reapertura de la vía a un carril el martes pasado. Fue ejemplarizante ver a un gobernante supervisando obras a cualquier hora del día o de la noche, por encima, incluso, de sus dolencias físicas. Fue precisamente durante una de estas visitas que el mandatario se lesionó un pie.

El gobernador González Villa pudo haber hecho lo más fácil. Como era una vía nacional, el mandatario pudo sentarse a esperar que la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, llegara a tomar decisiones. Por fortuna, no fue así. Mientras el gobernante regional actuó inmediatamente, la funcionaria nacional demoró seis días en apersonarse de la emergencia. Cuando ella vino al Huila, el cronograma para superar la crisis ya estaba en marcha.

Muy seguramente, el Gobernador del Huila tenía presente la lentitud con que el Gobierno Nacional ha actuado en similares emergencias en el país. El mandatario fue inteligente y sagaz y ¡lo logró!

 

“Como era una vía nacional, el mandatario pudo sentarse a esperar que la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, llegara a tomar decisiones”

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