Rodolfo Valderrama

Rodolfo Valderrama Díaz

                    

     Dos hechos insólitos de los muchos que nos ocurren, son expresión de que un importante sector poblacional es egoísta, indolente, tolerante, masoquista y hasta cómplice con los verdugos, además sigue respaldando a politiqueros corruptos.  El primero hace referencia al aniquilamiento de líderes sociales, hecho en el cual el principal responsable es el Estado, por omisión; aunque reiteradamente promete acciones para detener el genocidio la tragedia continúa, no se adoptan medidas efectivas; al contrario, está el riesgo de volver a los falsos positivos pues se viene apoyando a personajes cuestionados en el pasado.  Dicho genocidio repudiado por todos los países, y que debería producirnos inmensa indignación, vergüenza y rechazo no nos conmueve, quedó demostrado en la lánguida jornada de protesta del pasado 26 de julio que no tuvo la concurrencia y trascendencia debida.

     De otra parte , aunque padecemos la tortura del maligno servicio de salud, se desconoce que vendrán  tiempos peores por la política oficial de reducir el número de EPS y concentrar pacientes en unas pocas sin que se haya establecido un plan para aumentar oferta de servicios, tampoco existe para atender la mayor demanda por  envejecimiento de la población, o la inflexibilidad del número de especialistas; desde la era Uribe se han efectuado varias reformas, todas engañosas, para preservar intereses, por supuesto nuestro repudiado Congreso es actor y beneficiario.  El caso de Medimás es aberrante; inicialmente como Saludcoop se presentaron grandes desfalcos que favorecieron a sus directivos; además el sinnúmero de irregularidades y negociados produjo otro hecho insólito: la clausura de más de 20 clínicas desde hace más de un año , esos gigantescos edificios abandonados junto con equipos costosos ya están deteriorados; es tal la indolencia por este hecho que nadie ha cuestionado o investigado los decesos, la pérdida billonaria o el lucro cesante, financiado por los contribuyentes, algo irracional y perverso pero habitual en el corrupto y voraz sistema privado de salud.

    En el aislamiento de la población sobre la problemática social contribuye el Estado mediante la desinformación, la religión con sus prédicas fantasiosas que adormecen al pueblo, el empresariado promoviendo el marginamiento popular, la oposición que no advierte al pueblo de casos claves y la  dirigencia de la guerrilla que ha sido torpe y ambiciosa al firmar un acuerdo sin el compromiso de verdaderas reformas políticas, contradiciendo sus principios, atendiendo la imposición oficial de que el modelo de desarrollo es intocable. En contraste con esa apatía e indolencia por males colectivos, tenemos casos en que muchos actúan violentamente si le hurtan algún objeto, le afectan un familiar o un privilegio.

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