Por: Eduardo Gutiérrez Arias

El regreso a las armas de Iván Márquez, Santrich, El Paisa y Romaña, es una respuesta desesperada y equivocada, ante la persecución y el asedio tendidos por el Centro Democrático, el Partido Conservador, el expresidente Álvaro Uribe y el presidente Duque, contra los acuerdos de paz de La Habana, intentando acabar la Jurisdicción Especial de Paz, buscando enviar en extradición a Estados Unidos a los principales jefes guerrilleros, incumpliendo buena parte de los acuerdos como las 16 curules en la Cámara para víctimas en las Circunscripciones Especiales de Paz, la Reforma Agraria Integral y el apoyo a los proyectos productivos de los excombatientes. Lo sensato y revolucionario es la actitud de Timochenko y la inmensa mayoría de comandantes y militantes de las FARC, de mantenerse fieles a los acuerdos de paz a pesar de los incumplimientos del gobierno y las dificultades del proceso. Buscando eso sí enderezar el camino con el respaldo de las mayorías nacionales que anhelan una paz completa, y de la comunidad internacional que siempre ha apoyado este proceso.

Después de 200 años de vida republicana en los que Colombia ha vivida tantas guerras fraguadas por las élites dominantes de latifundistas, banqueros y monopolios industriales y comerciales, para incrementar sus riquezas y gobernar con un régimen dictatorial, es de elemental sabiduría salirse de la trampa de la guerra y consagrar nuestras energía en la tarea de construir un gran Frente Democrático y Popular, que haga realidad los sueños de un gobierno donde impere el pluralismo ideológico, la defensa de la vida, el respeto a los derechos humanos, las libertades democráticos, y donde se impulsen reformas económicas y sociales para darle progreso y bienestar a todos los colombianos..

Los gobiernos hegemónicos y despóticos, sólo dolor y lágrimas le han traído a nuestro pueblo. Hay que alejarse de los caudillos mesiánicos promotores de la polarización y el enfrentamiento. Hoy se impone una gran alianza de los demócratas de todos los colores y vertientes para construir una paz que traiga reformas y progreso para todos, una paz negociada con quienes estuvieron levantados en armas contra el Estado, una paz que le regrese la tierra a los campesinos y le de empleo, educación, salud y desarrollo cultural a los todos nuestros compatriotas. Este camino excluye la guerra e incluye el ejercicio de una política transparente, honesta y responsable con el país.

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