Carlos   Eduardo   Amézquita

“Lo inevitable no se lloriquea. Lo inevitable hay que enfrentarlo…” lo dice Pepe Mujica, Ex – Presidente de Uruguay, en una de sus 20 formidables rayuelas literarias que regularmente utiliza para simplificar e interpretar la complejidad de un Proceso de Paz como el de Colombia.

Parodiando esta metáfora que nos “cae como anillo al dedo” (así decían nuestros ancestros más cercanos abuelos y tatarabuelos), las Ex – Farc deciden retornar a las selvas amazónicas y la Orinoquia para continuar lo inevitable: la lucha armada.

La noticia le dio la vuelta al mundo y son innumerables los medios y analistas que se han manifestado con desconcierto e incertidumbre. Sin desconocer la relevancia del hecho, la pregunta clave es: Pero… ¿por qué a las selvas de la Amazonia?

En realidad, no hay otro lugar más seguro en todo el Planeta. Son muchos los líderes y perseguidos que a través de la Historia han buscado estas selvas para ocultarse, escapar, huir y para otras gestiones de negocios lícitos e ilícitos.

Desde Alexander von Humboldt, Hitler, británicos, europeos, japoneses, canadienses, Pablo Escobar, y tantos otros, no han resistido esta tentación.

Las selvas han sido históricamente, el refugio, incluso, de migrantes y desplazados del interior del país y del resto del mundo; hay quienes afirman que ciertos extraterrestres lo hacen con frecuencia. Todos buscan aprovechar los recursos energéticos y mineros existentes en el subsuelo, en su frondosa e ilimitada biodiversidad, etc…

Otra joyita: Bolsonaro, actual presidente del Brasil, justificó el incendió de la selva Amazónica argumentando que sólo así se podían expulsar a los indígenas y abrir campo a la ganadería extensiva. la minería y la especulación de tierras, por la vía de la desforestación.

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