Jorge Fernando Perdomo

Según los expertos, las encuestas de opinión pública tienen el objetivo de explorar las percepciones y comportamientos de las personas y como tal son un valioso instrumento para la investigación de cada situación en particular. Para nuestro análisis la realidad política del momento.

En ocasiones, sobre todo en el ámbito político, los resultados perseguidos son moldear y orientar la opinión pública y terminan siendo parte del conjunto de influencias que reciben los ciudadanos para su decisión electoral.

Sin entrar a analizar la ficha técnica de una encuesta donde, en el caso particular, siempre he cuestionado la fidelidad de los resultados por la técnica de recolección utilizada, valga decir las telefónicas, debiéndose privilegiar la personalizada, resulta evidente que en ocasiones la manipulación de los datos, el sesgo en la interpretación de los resultados, terminan convirtiendo la encuesta en “oráculo” que vaticina un resultado electoral improbable.

Cuando con una encuesta de opinión electoral lo que se persigue, es inducir o incentivar, un determinado comportamiento político, la encuesta pierde su carácter científico y se convierte en un instrumento adicional de propaganda electoral y como lo señalara un experto en “una perniciosa estrategia de manipulación colectiva que, políticamente, amenaza la democracia”.

Es por ello que uno de los errores que se cometen en el análisis político de café, al evaluar las encuestas antes de elecciones, es que otorgamos a ellas la condición de verdad revelada, como lo hacían los helenos cuando consultaban el oráculo de Delfos para conocer el futuro, cuando en política solo valen los hechos cumplidos.

Las encuestas no son profecías. Es decir, las encuestas no definen el destino, anticipadamente, de un proceso electoral.

Por lo pronto, a la luz de todas las encuestas, propias y extrañas como lo reconociera el mismo candidato Dussan en el foro de la Universidad Cooperativa, señalan que es muy probable que el candidato del partido conservador Carlos Ramiro Chávarro, gane la gobernación. Esa es la intención demostrada por los encuestados.

Carlos Ramiro es un hombre confiable. Su carisma, su trabajo territorial, su contacto directo con los huilenses por más de 20 años, su oferta política basada en lo que necesita el Huila para aumentar sus fortalezas y potencialidades, lo han hecho acreedor del favor popular.

Por lo pronto debemos aplicar el método esencial de la filosofía cartesiana: el ejercicio de la duda metódica, para cuestionar todo aquello que no corresponde con la realidad que palpamos y se vive en el ambiente, y esa realidad es que Carlos Ramiro Chavarro será el Gobernador de los huilenses.

 

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