Germán Palomo García

A partir de esta semana, Colombia cuenta con un ministerio más: El del deporte que sustituye (o transforma) a COLDEPORTES, el organismo que se ha encargado de promover, organizar y generar los resultados deportivos mediante el manejo de los recursos públicos con destinación específica para tales actividades. No podía ser más oportuna la creación de esta nueva entidad en un momento de esplendor para el deporte colombiano: el triunfo en el torneo Wimbledon en dobles en tenis; el de Egan Bernal en el Tour de Francia y de nuevo de Cabal y Farah en el abierto de Estados Unidos hace dos semanas y en el mismo torneo pero en Junior de María Camila Osorio, cucuteña que ya lo había intentado un año atrás, han creado un marco exitoso de referencia para justificar elevar a la categoría de ministerio al instituto descentralizado Coldeportes. Sin embargo, estos mismos triunfos, que no son totalmente de acciones gubernamentales sino de apoyos importantes del sector privado como Colsánitas para los tenistas, me hacen pensar en que esta teoría bien puede aplicarse para justificar la continuación del hasta ayer organismo descentralizado  como el rector de la organización y las competencias deportivas sin necesidad de transformarse en ministerio. Además, si el propio presidente de la república utiliza como planteamiento para justificar su creación, el que el efecto fiscal es neutro, es decir, no causa mayores gastos  que los actuales de Coldeportes, más razón existe para pensar en que no es necesario acudir a esta nueva estructura. Si esta se justifica en que no se incurrirá en más gastos burocráticos pero sí en materia de inversión, habría que conocer cuáles son las inversiones que se prevén realizar que no puedan ejecutarse con la actual organización.

Recuerdo que en la segunda presidencia de Uribe Vélez se eliminaron algunos ministerios pretendiendo unificar funciones aparentemente complementarias. Fue un ensayo errático y más costoso y justificado con los supuestos ahorros en gastos militares por el proceso de paz que se veía venir. Ni lo uno ni lo otro. Por otra parte, la aprobación de la cifra de 271.7 billones como presupuesto 2020 solamente genera la aceptación de esta cifra para iniciar las discusiones en el Congreso para su aprobación definitiva. De antemano se sabe que el presupuesto está desfinanciado y los recursos que exige para equilibrarlo superan, si bien le va al gobierno, los 8 billones de pesos por lo que la ortodoxia económica invita a la precaución. En todo caso, ya se aprobó pero consigno mi preocupación simplemente para decir, otra vez, que el gobierno incurre en contradicciones con frecuencia. ¿Por qué será?

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