Marcos Silva Martínez

Inicia el festín electoral en Colombia. La mayoría de candidatos, se mueven bajo la dinámica del clientelismo,  la politiquería, la lisonja hipócrita,  perversa y el desconocimiento de lo que se comprometen a solucionar. Los resultados, durante el ejercicio del poder de anteriores administraciones lo demuestran,  salvo contadísimas excepciones.

En Colombia lo que se practica y explota, con cinismo y habilidad,  es la politiquería y el clientelismo y por eso, cada gobernante resulta  peor que el anterior.

Es la fatalidad político-social  que ha catapultado la corrupción, en toda la geografía nacional y que  constituye la causa del atraso, el conflicto económico-social y la miseria de las mayorías nacionales.

Hay ciudadanos honestos, es innegable, pero cuando incursionan en la política, son arrollados por el populismo vergonzante de los politiqueros de oficio, ciegos perseguidores de su presa: El presupuesto público.

Todo ciudadano debe ser consciente de la realidad que vive el país. Se lo tomó la mediocridad y la delincuencia de cuello blanco.

Desafortunadamente la decisión de votar por un candidato, la toman generalmente, sin conocer en detalle al candidato. Desde hace más de 200 años, los gobernantes, no han ejercido el poder para bien del interés general de los ciudadanos. Ésta, la causa del atraso socioeconómico secular nacional.

El elector debe analizar quién es el candidato y qué intereses representa. Quiénes lo apoyan, rodean y asesoran. Analizar su discurso, sus antecedentes políticos, su formación intelectual.

Si  en la actual contienda  electoral, todos hiciéramos el análisis concreto de cada candidato, teníamos que concluir, que prácticamente no hay por quién votar.

Es deber de todo  ciudadano,  evitar que  continúe el festín la delincuencia camuflada de dirigente y benefactor.

El  instrumento  para el cambio, es el voto del ciudadano honesto y responsable. El voto hay que usarlo correctamente para superar el caos local, regional y nacional.

Si nos equivocamos o negociamos el voto, no tenemos derecho a quejarnos de los corrompidos gobiernos. Son  reflexiones para época electoral.

¿Por qué  los presupuestos nunca alcanzan? ¿Por qué tanta investigación sin resultados? ¿Por qué la precariedad de los servicios  públicos, la crisis vial,  la pésima calidad de la educación, inseguridad,  el sostenido negocio de la salud?

Esta realidad es la que debe tenerse en cuanta, para decidir por quién votar.

Son los gobernantes los responsables de los pésimos resultados del poder público, de la corrupción, la inseguridad y la pobreza.

La desfachatez de los gobernantes  es tozuda. Saben las causas de los graves problemas que aquejan a las mayorías, pero no los atacan  porque menoscaban los intereses de las élites y avezados explotadores de lo público.

En las próximas elecciones, el elector honesto y sensato, debe aprovecharlas para analizar la situación socioeconómica del país. Es caótica y anárquica.

Es posible usar recursos legales de origen popular como el plebiscito, el referendo, para comenzar a reestructurar el ordenamiento legal. El presente es favorable a intereses de élites y vividores y el mantenimiento del régimen.

Es menester votar pero votar bien.

Da grima observar candidatos, luciendo de conspicuos farsantes inocentes ante el público, mientras rumian sus intereses y ambiciones personales. Pensemos. 10-09-2019

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