En el mundo de un agricultor pasan diferentes emociones y pensamientos por sus hectáreas de arroz, una de ellas es que este precioso grano florezca y se convierta en un espectáculo visual para las personas que pueden apreciar tal perfección que ofrece el arroz.

Jorge Edier Oliveros, agricultor de arroz, 48 años recorridos en la profesión.

Un agricultor pasa horas dedicado a su cultivo ayudándolo a crecer y consintiéndolo para obtener una producción que sea el sustento de su familia sin importar las circunstancias complejas en la comercialización. Pero con la satisfacción de entregar un producto en la mesa de muchos consumidores en un país con consumo per cápita de 42.22 KG en el año 2018, según Fedearroz.

¿Cómo eran las emociones que sentía al inicio de esta profesión?

Yo comencé a sembrar arroz a los 21 años y actualmente tengo 69 años, llevo cuarenta y ocho años ininterrumpidamente sembrando arroz, toda mi vida sembrando arroz. Al principio cuando no conocía el cultivo, pues me emocionaba, cuando uno lo ve nacer, cuando comienza a crecer y más cuando se empieza hacer la recolección. Cuando el agrónomo comienza a enseñarle y uno comienza a tratar de ubicarse dentro de la actividad, al principio eso es lo que más lo motiva a uno, pero a través del tiempo las prioridades van cambiando y ahora me alegra enseñar a cada agricultor y a gente que está comenzando, a que tome los caminos que deben ser, que se vuelvan buenos agricultores a que disfruten a la edad que hay que disfrutar.

¿Qué temas le gusta enseñar a estas personas y agricultores que están empezando?

Bueno, primero a minimizar costos, porque anteriormente el negocio era un poco más rentable, entonces me gusta enseñarles a cómo combatir eso, volviéndose más eficiente aumentado las producciones y disminuyendo costos, por ejemplo, es importante enseñar que si se siembra menos cantidad se va a ganar muchos más que sembrando muchas hectáreas ya que éstas corren el riesgo de que se pierda producto y dinero, es por eso, que este primer aspecto es importante para enseñar. Y en un segundo momento indicarles a los agricultores que debemos hacer uso de herramientas como análisis de suelo, entonces es importante saber qué tierra y que eficiencias tiene y de acuerdo con eso se hace una formulación para abonar el suelo.

¿Qué anécdota recuerda en sus principios con la siembra del arroz?

Yo comencé sembrando siete hectáreas en el año 1972, era muy jovencito. Mi papá era un agricultor grande, yo sembraba semillas que le sobraban a mi papá y abonaba, también, con lo que le sobraba. En ese momento no tenía plata para la planilla por lo que mi mamá me prestaba la plata y yo no se la pagaba, cuando fui a vender la primera cosecha que eran siete hectáreas yo prácticamente no debía nada y todo lo que me llegó era para mí, ese arroz se lo vendí a los molinos de Roa el 15 de septiembre de 1972 y me dieron como veinte mil pesos que eso era plata en ese tiempo.  Yo me dije esa noche ‘yo voy a ser muy rico porque si con siete hectáreas tuve todo este poco de plata que tengo, imagínese el día que fuera a sembrar cincuenta hectáreas’. Y esa es la historia que nunca se me olvida y que me tiene marcado.

Los sabores de mi tierra, como Arroz. un producto
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