José Joaquín Cuervo Polanía

Aída Merlano consideraba que su captura y su posible condena definitiva era un acto injusto incitado por sus enemigos políticos.  Ella sabía que en la Costa atlántica y en todo el país,  buena parte de los ciudadanos han ofrecido y vendido sus votos. Que el político  compra votos con la misma naturalidad  con la que cobra por la adjudicación de los contratos.  Proveniente de un hogar humilde en Barranquilla se había iniciado políticamente en la casa de los Gerlein quien duró en el congreso por cerca de 50 años. Ella habrá pensado que si un solo voto comprado anula la elección de cualquier candidato (como lo afirma el Consejo de Estado)  entonces las elecciones de presidentes, alcaldes, gobernadores, diputados, concejales serían todas nulas y no habría quien nos representará  Aida Merlano nunca entendió    qué si todo el mundo lo hacía (comprar votos)  ella ahora  no tenía por qué  ser el chivo expiatorio. Roberto Gerleín lo había hecho por cincuenta años con los votos que pagaba su hermano Julio, del dinero obtenido por los contratos que le conseguía el mismo Senador y nunca les pasó nada.  Además de ello, ahora Aida que no tenía mucho que perder, había pensado incluso en el suicidio en la cárcel, su única salida podría ser  negociar su pena. Se sentía que sería  capaz de contar con lujo de detalles cómo era que se hacían las morcillas en la casa de los Gerlein y de los Char.  Su percepción era la de ser una perseguida política y  que a lo mejor era una conservadora  que no  se sentía convencida por votar en la primera vuelta ni por Germán Vargas Lleras ni por Iván Duque. Que no se había mostrado tan leal a los caciques electorales de la Costa y ahora le estaban cobrando el querer independizarse para hacer su propia empresa electorera.

Siempre quiso fugarse.  Siempre le pareció que se habían ensañado contra ella. La iban a condenar por  un delito que todos cometen impunemente.   Su fuga,   que no me parece tan de película como dicen: saltar por la ventana de un segundo piso con una cuerda (no le alcanzaron  a contratar un montacargas) montarse en una motocicleta y huir del lugar  es una nueva bofetada a la inteligencia del Estado.  Hace pensar que sus verdaderos colaboradores son los amos y señores de Barranquilla. La reacción de las autoridades, la más absurda en abundar en actos irresponsables e injustos, detener  a Karolyne su hija por el delito  de favorecimiento de fuga. (será por el delito de ser hija y amar a su mamá)  otra salida en falso de quienes todos los días toman decisiones fallidas.

 

 

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