En juicio se encuentran Jonathan Enrique Medina Hernández, Daniel Laureano Narváez, Luis Alberto Figueroa Parrao, Martín Rodríguez Murcia y Aldo Alfonso Cabrera, acusados del secuestro del ganadero Gelmo Borrero y su esposa.

“Aquí está el que me pegó a mí…”, dijo la ama de casa Nury Ortiz Pérez, mirando fijamente al joven venezolano Jonathan Enrique Medina Hernández, acusado del secuestro de la mujer junto a su esposo el ganadero Gelmo Borrero Ceballos,  ocurrido en noviembre el 2017.

El señalamiento fue hecho ayer en desarrollo del juicio oral contra el extranjero, su compatriota Daniel Laureano Narváez y los colombianos Luis Alberto Figueroa Parrao, Martín Rodríguez Murcia y Aldo Alfonso Cabrera.

Nury, reconoció a su victimario ante el Juez Tercero Penal Especializado de Neiva con Funciones de Conocimiento. “Es el de buzo blanco, gordo, cejudo…”.

Sostuvo que el joven venezolano fue la persona que la intimidó con el arma de fuego cuando los interceptaron al ingresar a la finca La Cabaña, ubicada en la vereda Alto Blanco en el municipio de Altamira, cuando regresaban de misa, el domingo 26 de noviembre. “Cuando abro la puerta del carro para bajarme abrir el portón de la finca, se viene un hombre hacia mi apuntándome…”.

Agregó que sostuvo un forcejeó con el hombre quien la obligó a bajarse del vehículo. “Me empuja contra el carro, me pega en la cabeza y me obligó a subirse en la silla trasera de la camioneta…”.

Recordó  que el joven condujo la camioneta y luego de un trayecto, bajaron a su esposo, quedando ella con su captor en el vehículo, siendo trasladada hasta un sector donde fue dejado con el carro. “Me dejaron con el señor del buzo blanco…me dijo tranquila que no le iba pasar nada ni a mi esposo ni a mí, me dijo la dejo cerca de su casa, paró el carro, me dijo espere aquí no se vaya a mover, se bajó, lo dejo encendido, espere un momento, le di la vuelta al carro, arranque y voy directo a la casa de mi hijo”.

La mujer señaló además que vio en la sala de audiencias al sujeto que intimidó a su esposo con un arma de fuego. “Falta otra persona que estaba aquí también, es delgada, alto, rapada y una colita, de aspecto nada agradable. Fue quien sacó a mi esposo del carro, lo golpeaba, lo trataba con palabras feas y fue quien estuvo  al lado de mi esposo todo el tiempo amenazándolo con el arma”.

 

Amenazaban con matarlo

La banda, que secuestró a la pareja, se identificó como disidentes de la guerrilla de las Farc. “Llamó una persona que se identificó como disidente de las Farc, se nos hizo extraño…”, manifestó el hijo del ganadero ayer en el juicio.

Sostuvo que la persona que se comunicó con la familia, el 29 de noviembre, manifestó que se trataba de un secuestro y que debíamos pagar 800 millones de pesos por la liberación del ganadero Borrero Ceballos.

La segunda llamada ocurrió horas más tarde y en ella después de que el hijo de las víctimas señaló que no tenía el dinero, los secuestradores decidieron que la suma a pagar sería de 500 millones de pesos. “Se bajaron a 500 millones”, señaló el familiar de los entonces plagiados.

Agregó que el 30 de noviembre volvieron a llamar y la suma exigida ya era de 300 millones de pesos. “Dijeron que si no pagábamos a mi papá lo mataban”.

Durante la ’negociación’, la banda terminó exigiendo 100  millones de pesos en la llamada que hicieron a las dos de la tarde del 30 de noviembre. “Dijo que mi papá estaba muy enfermo, que no comía nada”.

Sostuvo el joven, que ese mismo día a las siete de la noche llamó otro sujeto y manifestó que el ganadero sería liberado en el parque principal de Florencia (Caquetá). “El señor dijo que a mi papá nos lo iban a entregar, que le quitáramos la demanda del Gaula”.

A las 10:40 de la noche del mismo 30 de noviembre volvieron a llamar a la familia del ganadero para que fueran a buscarlo en el sector de Suaza. “Llamaron a decir que recogiera a mi papá en la carretera que de Suaza conduce a Florencia”.

Mientras la familia estaba en el sector a la espera del ganadero, pasada la medianoche el hacendado llamó a sus familiares manifestando que lo habían dejado en el sector de Las Amacas. “Mi papá nos llamó, lo lanzaron el carro. Fui a recogerlo, estaba en una condiciones no dignas para una persona…”.

 

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