Carlos Eduardo Amézquita

Los recientes hechos de violencia y masacre sucedidas en el Cauca han puesto sobre/alerta a los organismos de los DDHH (OEA, Naciones Unidas, Amnistía Internacional), y a tantos otros. Además de inaceptables son incomprensibles para el mundo, cuando se creía que nuestro país giraba en la órbita de las “naciones civilizadas”.

Recuerden que Colombia fue condecorado por ser el mejor ejemplo de Pacificación interna. Ahí sí se le fueron las luces al Presidente Duque, ¡qué pena!

Pero la pregunta central es: ¿qué les pasa a las élites urbanas y a los terratenientes de Colombia, que en pleno S.XXI, se asustan con la Participación?

Recordemos que, con la puesta en vigencia de la nueva Constitución el 7 de julio de 1991, comenzó la nueva era para los indígenas del país, objetos y sujetos “de tutelar” y participar en todo momento y lugar. Incluso la Convención 169 de 1989 de la OIT así lo reconoce.

Datos históricos: Desde la Conquista invasores de todo pelambre (foráneos a la raza indígena: colonos, blancos, negros, mestizos, amarillos) han pretendido violentar y expulsar, de sus territorios a los indios, quienes ya eran dueños de estas tierras. Su autonomía es reconocida constitucionalmente y a nivel internacional. Por tanto, están en el derecho de defender su historia, su identidad, sus propias organizaciones, y su nacionalidad.

Otra cuestión: ¿Por qué los terratenientes, los paramilitares, y otros agentes sociales, quieren invadir? ¿No será que ya se sabe de las riquezas culturales y potenciales económicos que contienen estos territorios?

Epítome: Lo que si es cierto es que el Movimiento Indígena continúa “in/crescendo/” en todo el continente, Ecuador, México, etc.  Miren nomás a Evo en Bolivia.  Esto se alarga …

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