Rodrigo Villalba Mosquera

Terminada la contienda más importante del calendario electoral, se reafirmó el criterio que hemos venido exponiendo. En las elecciones regionales uninominales, es más importante la calidad del candidato que el aval de los partidos y esto se reflejó en gran parte del país, incluso en las grandes ciudades como Bogotá y Medellín donde ganó el voto de opinión, derrotando la política tradicional, incluso al Centro Democrático, el partido de gobierno.

En estas elecciones que acaban de terminar se destacaron nuevos liderazgos, candidatos independientes que llegaron al poder gracias a las coaliciones, a procesos más pluralistas, propios del mundo de hoy, de una sociedad más incluyente.

Y en este contexto quiero referirme al liberalismo que, de los partidos tradicionales, es el sobreviviente. El Partido Liberal fue el ganador y el que presenta mejores resultados, el que a nivel nacional logró el mayor número de gobernaciones (siete en total) y ocho más en coaliciones.

En cuanto a alcaldías el liberalismo consiguió 204 con aval propio y 96 más en coalición.

Las cifras de Concejo son muy positivas. A nivel nacional se consiguió la mayor votación con 2.607.696 votos; y en Asamblea es el gran triunfador con 2.244.195 sufragios.

Siendo el liberalismo el de las grandes transformaciones nacionales, venido a menos por sus errores en el pasado, hoy sobrevive y presenta alentadores resultados gracias a que asumió posiciones contestarías y populares.

Y en el contexto regional al Huila le fue bien. Logramos elegir gobernador en una gran coalición que incluyó el apoyo de un grupo significativo ciudadanos, la participación de sectores de izquierda, universitarios, gestores culturales, gremios, intelectuales y los sectores sociales.

Con estos buenos resultados sólo me resta hacer un llamado al liberalismo -y en esa línea es que me pienso mover- a seguir reivindicando la tradición, las causas populares y la paz, esa debe ser la dirección, preparándonos para enfrentar con grandeza las elecciones presidenciales, con un mensaje muy a tono con el mundo de hoy, más abierto, más social. Hay que revisar el modelo económico del capitalismo salvaje para implementar uno más social. Está claro que, si bien este modelo funcionó en otros países, no lo es en Colombia, esa debe ser la postura del liberalismo, el apoyo a un modelo de redistribución de la riqueza, un modelo que genere empleo, ingresos y oportunidades para todos.

El liberalismo colombiano tiene que conectarse con el mundo de hoy, con lo que está pasando, con esta sociedad pluralista. Es necesario pensar en ese modelo económico distinto al actual que garantice trabajo, oportunidades, desarrollo, que mejore la calidad de vida de todos los colombianos.

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