Albeiro Castro Yépez

 

Formar hábito de viajes es una de las tareas claves de la institucionalidad contemporánea en su propósito de lograr la sostenibilidad tanto para los destinos como para los productos turísticos que en ellos se desarrolla, el estudio de tendencias muestra como las nuevas generaciones adicional al conocimiento que adquiere en su permanente contacto con internet se arriesga a experimentar lo aprendido, se dice entonces, que estas generaciones no sienten miedo. En el caso del turismo, resulta conveniente recrear el concepto de los clubes juveniles que fueron todo un éxito en las décadas de los ochenta y noventa de la anterior centuria, para enfocarlos en los clubes de viajes para niños en edades entre los ocho y los quince años. En Colombia el concepto tiene cabida en el denominado turismo social, una modalidad que perfiló la Ley 300 de 1996 con el ánimo de garantizar el derecho al disfrute del tiempo libre, la recreación y el deporte para la totalidad de la población, concepto que con excepción de las implementaciones que han realizado las cajas de compensación familiar pocos logros se han obtenido.

El departamento del Huila podría fácilmente recrear el ejercicio realizado en los albores de los años noventa, época en la que la Gobernación del Huila creó el estímulo  de premiar a los diez mejores alumnos de una institución educativa con una salida pedagógica, los de la zona norte se les trazó como destino la visita a los parques arqueológicos de San Agustín-Isnos, y a los del sur se le premio con una jornada en el Desierto de La Tatacoa y una tarde de diversión en el Centro Turístico Termales de Rivera, en promedio cada año se movilizaron cuatro mil estudiantes que cursaban el grado decimo de bachillerato. Hoy el departamento ha avanzado en la caracterización de escenarios turísticos, ventaja que le permite animar la constitución de clubes infantiles para la práctica de senderismo, avistamiento de aves y biciturismo, entre otras, actividades que en principio se consideran como seguras y de bajo riesgo para la operación con menores de edad.

A título de ejemplo se podría pensar en la adecuación de espacios en las reservas naturales de los municipios para el ejercicio del aprendizaje de la observación de aves, en el caso de Neiva en el Jardín Botánico, en Pitalito en el parque Vaguará, en Yaguará en el Malecón; Nátaga en la Serranía de Las Nieves y así, en cada municipio de seguro existe un espacio donde un colectivo integrado por los docentes del área de biología, educación física y lengua castellana pueden estructurar un guión ecoturístico que forme a los niños en el hábito de conocer en sitio la oferta turística de la naturaleza.

 

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