Germán Palomo García

A la problemática del frente interno de la economía cuya mayor preocupación está en los altos niveles de desempleo, hay que sumarle el aumento del déficit comercial del país. Según el DANE, este se duplicó en septiembre y alcanzó a 916.2 millones de dólares cuando en el mismo mes del 2018 el déficit solo llegaba a 355.7 millones de dólares. En forma sencilla, este resultado se explica por las mayores importaciones frente a una baja de las exportaciones, es decir, compramos más del exterior que lo que vendemos en el mercado internacional. Esto no sería preocupante si nuestras compras se refirieran a equipos, maquinaria y otros que fortalezcan nuestra capacidad competitiva para exportar más, lo cual no se está cumpliendo. Como se enseña en las aulas de economía, el objetivo del comercio exterior son las importaciones pues se adquiere lo que no se produce localmente. Sin embargo, lo que se importa no corresponde a este principio y muchas veces se sustituye producción nacional con las importaciones pues, hoy la vigencia es la globalización. Un problema muy serio del país es la no diversificación de nuestra producción y seguimos dependiendo de los bienes básicos, especialmente combustibles y los provenientes de las llamadas industrias extractivas. Precisamente, las importaciones en septiembre, de nuevo según el DANE, aumentaron 3.29% impulsadas por las compras de combustibles y minería y otras extractivas. Entre tanto, las exportaciones cayeron 12.3% en relación con el mismo mes del año anterior. En los 9 meses de este año, el déficit comercial llegó a us$7.805.3 millones de dólares, 79% más que en el mismo periodo del año anterior.

Siempre recuerdo que el uso constitucional de las regalías está orientado a diversificar la economía para reducir la alta participación de los bienes básicos y, específicamente, del petróleo, así reconozcamos que estos combustibles fósiles nos seguirán “acompañando” por muchos años. Hoy, las regalías están diseminadas en todo el país en función de solucionar problemas que antes se atendían con presupuesto nacional y que, gracias a la centralización de las mismas con la creación del nuevo Sistema General de Regalías, SGR, se utilizan indiscriminadamente, “regando la mermelada en toda la tostada”. En momentos de protestas, nadie ha llamado la atención sobre esto y menos se ha hecho una revisión del Fondo de Ciencia y Tecnología al que se destina 10% de las regalías totales a través de los OCAD´s. Si seguimos aplicando estos criterios en materia de direccionamiento de la Ciencia y la Tecnología, el futuro de nuestro aprovechamiento externo seguirá crítico. La producción acaba de mostrar un buen crecimiento del PIB en el tercer trimestre (3.3%) pero resulta insuficiente y mientras persistan estas dificultades de dependencia de pocos bienes transables en el exterior, los principales indicadores no serán favorables.

 

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