El país asiste hoy a un paro nacional en contra de las políticas del gobierno del presidente de la República, Iván Duque. Como nunca antes, una movilización no había generado tanta expectativa e incertidumbre en el sentido de que termine convertida en una gran manifestación violenta.

Las últimas protestas universitarias y el clima de violentas manifestaciones en países como Perú, Chile y Bolivia han llevado a ese miedo sobre lo que pueda pasar hoy.

Sin desconocer el derecho a la protesta social en el país, las autoridades deben garantizar que las manifestaciones de este jueves se lleven a cabo de manera pacífica. Los manifestantes están obligados, por su parte, a contribuir a ello y a respetar –integridad
física y movilización, entre otros derechos– a los que no participan de estas movilizaciones.

Nada más conveniente para los manifestantes que estas protestas se desarrollen en calma. Muy seguramente, sus voces de rechazo a las políticas de Duque se escucharán más. Por eso, quienes salgan a marchar hoy están llamados a rechazar cualquier acto de violencia o
de vulneración de derechos de los no participantes.

Más allá de cómo terminen las manifestaciones –ojalá al final del día el reporte sea de completa calma en todas las ciudades del país, incluyendo la capital del Huila y los principales municipios del departamento—, el gobierno Duque debe tomar nota del clamor
popular, revisar cuáles son sus aciertos y desaciertos, hacer ajustes a temas claves (elevadas tasas de desempleo, la pobreza, la corrupción, la alarmante inseguridad urbana), y sin duda, darle un viraje a la forma en que no sólo él sino su equipo de ministros y altos funcionarios se están conectando con la gente en las regiones.

“Nada más conveniente para los manifestantes que estas protestas se desarrollen en calma. Muy seguramente, sus voces de rechazo a las políticas de Duque se escucharán más”

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