Esperanza Andrade

La noticia hoy en Colombia es el paro nacional convocado por diversos sectores políticos y sociales, con razones válidas o infundadas. Es así que por la gran expectativa generada mucho se ha dicho del tema, a favor y en contra, siendo en lo que todos los colombianos coincidimos es en que se debe cumplir en paz y sin violencia.

Es claro que debemos respetar el derecho constitucional y democrático a la protesta social, que permite a los ciudadanos manifestar su inconformismo de manera pacífica y responsable, pero su desarrollo debe blindarse de desmanes, vandalismo o cualquier tipo de violencia, por parte de los organizadores, participantes y autoridades.

Es entonces respetable salir a expresar peticiones y descontentos, individuales o colectivos, abiertamente, con transparencia, sin móviles oscuros, como los de generar caos y anarquía. A las marchas no hay razón para ir encapuchado, pues son libres e independientes. Lo válido se pide con la cara descubierta, sin bandidaje ni terror.

Ahora bien, después de reflexionar sobre los puntos gruesos en los que se justifica la manifestación y conocidas las respectivas aclaraciones del Gobierno sobre los supuestos males, concluimos que detrás hay desinformación, tergiversación, populismo y verdades a medias (velozmente multiplicadas en redes sociales), movidas por intereses particulares que no interpretan la colectividad y son poco nobles.

También creo pocos saben con convicción y realidad por qué van a la calle: por moda, por una coyuntura particular, por cualquier razón, por causas mediáticas, por copiar a otras ciudades del mundo, todo con el riesgo de no saber cómo terminarán las cosas, que impacten negativamente nuestra apreciada democracia.

Por eso, lo que no debemos permitir es que aumente la polarización y los odios, el resentimiento y el rencor, se desprecie la gobernabilidad y controvierta la legitimidad de un presidente elegido popularmente en las urnas. Debemos es preservar el diálogo sincero, abierto y generoso, que dé cabida y participación a las diversas opiniones, dentro del respeto mutuo.

Porque es justo reconocer la capacidad de trabajo del presidente Duque, su esfuerzo grande por hacer bien las cosas, de cumplir a la gente, como lo demuestran cifras en distintos sectores de la economía. También, las reuniones con los sindicatos para ofrecer con serenidad, confianza y ecuanimidad respuestas justas y satisfactorias a las demandas.

Es un examen grande para un país civilizado, pero tenemos la fe que hoy tendremos un día pacífico, que nos invite y conduzca a alcanzar un gran acuerdo nacional, sin importar en qué lado estemos. Se trata de hallar coincidencias y empujar todos hacia el futuro de progreso, desarrollo, esperanza y paz que queremos para nuestros hijos.

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