Jorge Fernando Perdomo

El tema obligado en los últimos días, por parte de todos los colombianos, sin importar que lo compartan o rechacen, es el paro nacional, convocado para el 21 de noviembre.

Una serie de factores adversos a la gestión del gobierno nacional, parecieran haberse confabulado para que la jornada de hoy, termine siendo una tormenta perfecta, para desestabilizar la institucionalidad.

Pasando, por los oscuros propósitos que se atribuyen al foro de Sao Paulo, para crear el caos, como lo vimos en las protestas de chile y ecuador, hasta los desaciertos del gobierno sobre todo en materia comunicacional, el desarrollo del paro, ha generado incertidumbre, miedo y enorme preocupación.

La confluencia de factores, son múltiples. Desde el repudiado aniquilamiento sistemático de los líderes sociales y excombatientes de las Farc reinsertados en el proceso de paz, el aumento desbocado del desempleo, la pobreza extrema, la desigualdad, la corrupción, políticos desconectados de las realidades, que desprecian los escrúpulos y la ética, los intereses electorales que ya se asoman frente a las próximas elecciones en un evidente pulso político, y otros más, se han convertido en la amalgama de este conjunto variopinto que puede desencadenar una monstruosa supertormenta.

El gobierno, expone argumentos, algunos válidos, como las mentiras construidas por la oposición respecto de las reformas tributaria, laboral y pensional, otros tendientes a desmentir, que no dijo lo que sí dijo, como la flexibilizacion de los contratos de trabajo, y en su argumento central, que Colombia registra un crecimiento económico por encima de la media en América Latina, como si por ese solo hecho se disminuyera la desigualdad, cuando lo que se evidencia es una desbordada avaricia corporativa, la cual no permite cerrar las brechas sociales.

Expresar el deseo, de que solo esperamos que al finalizar la tarde, Colombia haya dado ejemplo de civilidad, depende de que los infiltrados que solo procuran el caos y la anarquía, no encuentren eco en quienes legítimamente quieren expresar su rechazo, pues como lo señalara el sociólogo francés, Emile Durkheim, “todo fenómeno de efervescencia social puede conllevar efectos incontrolables”.

Sin embargo, ello no puede impedir que veamos lo esencial. La ira de los jóvenes, la desesperanza de los campesinos, el descontento popular. ¿Acaso Colombia, se está dirigiendo peligrosamente hacia el ojo del huracán?

Una de las primeras tareas será escuchar los acontecimientos, entender las razones, encontrar las acciones justas para comprender la realidad y actuar en consonancia con el sentimiento de la sociedad.

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