Alexander Molina Guzmán

Este es un país violento por donde se le mire, las 24 horas del día. La violencia enrojece las noticias televisivas, radiales y escritas diariamente. De hecho, este es el único país, no recuerdo otro, en donde hay investigadores que se han dedicado a estudiar la violencia y son graduados como “violentólogos”.

Y una de las ideas de los violentólogos, tal vez la más importante, es que en Colombia no sólo había un conflicto armado, sino múltiples violencias… tienen toda la razón. Una de las peores violencias que nos azota es la corrupción. Aquí todos los días se roban la plata pública de manera descarada y en los tres poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) este fenómeno está incrustado como una lapa porque esos poderes se prestan para que los delincuentes de cuello blanco se chupen esos dineros hasta la saciedad. Otro tipo de violencia es el despojo de tierras que mediante asesinatos, masacres y desplazamientos se han ejecutado y se siguen ejecutando, es la “reforma agraria” que a sangre y fuego se ha hecho en este país. Otro tipo de violencia es la brecha de desigualdad socioeconómica que históricamente se ha sostenido y que se ha abrió mucho más desde la década de los noventa con la llamada apertura económica, apertura a la que un muchacho al que le regalaron la presidencia dio la entrada con ese gritico de “bienvenidos al futuro”….Y este es el presente que tenemos: Todo lo público entregado a la avaricia de los plutócratas de este país, como Luís Carlos Sarmiento Angulo, al punto que la garantía de los derechos fundamentales depende de la “generosidad” del capital privado.

Y como al caído hay que caerle, los que generan ese tipo de violencia ejercen también la violencia de la amenaza, de la intimidación, del miedo, para que el pueblo, esa sociedad vulnerable, esos millones de colombianos violentados no critiquen, no alcen la cabeza, no se manifiesten, no marchen contra ese poder opresor que los tiene esclavizados. Ese poder opresor, con Presidente abordo, otro al que le regalaron la presidencia para que defienda los intereses de ese poder opresor, quieren que esas marchas sean “pacíficas”. ¿Sí observan el detalle del paisaje? Los que generan esas múltiples violencias quieren que los violentados sean “pacíficos” en sus reclamaciones; que no se escuchen sus voces, sus lamentos, que no obstaculicen nada; que salgan como zombis sin rumbo y, como carne de cañón, estén dispuestos a ser otra vez violentados por la “fuerza pública”. Una fuerza ya privatizada a favor de los violentos para revictimizar a los violentados.

Comentarios

comentarios