Como se esperaba, miles de colombianos se movilizaron ayer en contra de las políticas del gobierno del presidente Iván Duque, en una jornada de protesta inédita y cargada de un evidente mensaje de inconformismo.

Resultó emotivo ver a la ciudadanía ejerciendo su legítimo derecho a la protesta consagrado en la Constitución Política Colombiana. Con carteles, expresiones artísticas, culturales y musicales, los manifestantes se hicieron escuchar.

Neiva fue ejemplo de protesta pacífica. Y esto es de destacar. Los huilenses marcharon en paz, en sendas movilizaciones que salieron de varios puntos de la ciudad. En Pitalito, Garzón y La Plata, las manifestaciones fueron nutridas y transcurrieron en completa normalidad.

El ‘punto negro’ corrió por cuenta de los actos de vandalismo registrados al cierre de las movilizaciones en Bogotá. A la plaza de Bolívar no le cabía un alma más. Desafortunadamente, encapuchados lanzaron ataques contra la fuerza pública que llevaron a que en cuestión de minutos se disolviera la multitudinaria concentración. También se reportaron actos de violencia en la ciudad de Cali, en donde fue necesario que las autoridades decretaran el toque de queda. Esto, desde todo punto de vista, es condenable. Cualquier hecho de violencia deslegitima por completo cualquier protesta social.

Tras las manifestaciones de ayer, el presidente Iván Duque está llamado a escuchar el clamor general, a convocar a todos los sectores sociales y a bajarse del pedestal de jefe de Estado para allanar caminos de entendimiento. El equipo que acompaña a Duque tiene un enorme desafío en esa materia. Conectarse realmente con la gente, podría ser el primer paso.

«Neiva fue ejemplo de protesta pacífica. Y esto es de destacar. Los huilenses marcharon en paz, en sendas movilizaciones que salieron de varios puntos de la ciudad»

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