Jorge Guebely

Profeso la dignidad humana como ideología, pero esa no es ninguna ideología. Hace parte del derecho natural de hombres y mujeres a desarrollar su condición humana. Deber esencial con el ser que llevamos dentro, el que aún permanece amordazado por patrones morales fosilizados y fermentados. Necesidad de potenciar, según Marx, los sentidos materiales y espirituales para alcanzar niveles superiores de vida.

Dignidad humana que ha sido el combustible de las actuales protestas nacionales. Certeza de que los tiempos oscuros de la sumisión pre-moderna comienzan a superarse. Más allá de ideologías políticas o religiosas, de izquierda o derecha, una nueva juventud mental sale a las calles a exigir dignidad humana, respeto por los derechos sociales y naturales. Quiere superar el estigma que José Ingenieros señaló alguna vez: “Nada se parece tanto a un rebaño que un pueblo sin dignidad, y nada se parece tanto a un esclavo que un hombre sin dignidad”

Por eso, indigna la prepotencia del presidente, la soberbia que le confiere el poder de la extrema derecha. Desprecia las manifestaciones populares, dilata las soluciones, no dialoga dignamente con ellas. Divide: habla con la burocracia política electa y la saliente, con algunos comodines institucionales… y un mañana se decide por un conversatorio nacional gaseoso. Finalmente concede una hora para conversar con los organizadores del paro.

Peor aún, pretende apaciguar la protesta con tres caramelos: uno, para los pensionados de salario mínimo; otro, para el 20% de los colombianos más pobre y un tercero, para el comercio con tres días sin iva. Mayúscula estupidez, sordo que no escucha el sonido de las cacerolas, un pueblo que no pide mermelada sino un Estado digno: justo, equitativo, de sensibilidad social y humana. Estado que no le gusta a nuestra élite zángana y perversa.

Por dignidad humana, el pueblo reclama, en las calles, diálogo directo, respetuoso y respetable. Diálogo político sin politicastros. Sin los pastranas, los uribes, los vargas-lleras, los césar-gavirias, los omar-yepes; políticos aptos únicamente para pedir ‘mermelada’: embajadas, cargos ministeriales, instituciones públicas… Agentes patógenos que pudren la democracia. No es la democracia la que está en crisis, son los demócratas de extremada derecha los que están podridos

Dignidad humana exigen los colombianos a través de un diálogo sin astucia y sin bombones. Con la interlocución directa y principal de las organizaciones sociales: estudiantes, profesores, indígenas, afrodescendientes, líderes sociales, trabajadores, empleados…. No quieren perder su identidad humana. No quieren convertirse en mero engranaje de una máquina que los ubica por debajo de la dignidad humana como lo pensaba Gandhi

jguebelyo@gmail.com

 

Comentarios

comentarios