Wilson Ruiz

Las perturbaciones de los últimos días revivieron el debate sobre el desmonte del ESMAD, ante las acusaciones de violaciones a los derechos humanos. Desde su creación, en 1999, son varias las ocasiones que se ha buscado eliminar esta fuerza de tarea, pero no es una discusión que debe tomarse a la ligera.

Estaríamos en un escenario ideal acabar con el cuerpo antichoque de la policía por el comportamiento ejemplar de quienes participan en las manifestaciones, sin embargo los hechos recientes demuestran lo contrario, cada acto de vandalismo aporta argumentos para mantener y fortalecer este organismo.

El escuadrón antimotines tiene un enfoque persuasivo y no represivo, prueba de ello es que sus componentes no están autorizados para portar armas de fuego. En Colombia pueden usar armas de letalidad reducida como lanzadores de balas de salva, aturdidores, gases lacrimógenos, bolas de caucho y tasers. En algunas ocasiones están en desventaja frente al equipamiento que llevan los manifestantes, quienes portan explosivos (papas bomba), por eso las refriegas han afectado a unos y otros, incluso con la muerte de integrantes del ESMAD.

Por estos días todas las críticas las recibe el escuadrón antimotines, sin tener en cuenta que ellos también se exponen y arriesgan su vida al enfrentar una multitud que no en pocas ocasiones se torna violenta.

En esta discusión hay que tener en cuenta el nuevo orden social y legal que impera en el mundo, donde cuenta el derecho de las minorías, pero antes que acabar con el ESMAD, se debe revisar su regulación y establecer unos protocolos definidos. No veo conveniente un escenario actual sin la presencia de un organismo antidisturbios, porque es la garantía que tiene el Estado para controlar el orden público.

@WilsonRuizO

 

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