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La ADIH saluda al magisterio huilense en su día

La ADIH saluda al magisterio huilense en su día 1 27 mayo, 2020

“El educador democrático no puede negarse el deber de reforzar en su práctica docente, la capacidad crítica del educando, su curiosidad, su insumisión”. PAULO FREIRE

 

La Asociación de Trabajadores de la Educación ADIH, reconoce la dignidad laboral de los Docentes del Departamento en su día, exaltando de manera especial, Su espíritu incansable, altruista y perseverante a favor de la construcción de la paz desde las aulas de clase. Hoy los azares de la vida los enfrenta a una situación atípica de pandemia que los ha llevado a hacer gala de toda la creatividad pedagógica y que los mantiene siendo, desde unas formas variadas de enseñanza, los mismos agentes dinamizadores de significativos procesos sociales de transformación, cambio y mejoramiento humano, que han sido por siempre. Muchos padres de familia han advertido ante esta situación, que son los corazones de los maestros, esos faros de luz y calor, donde se acunan la ternura, el amor y el cuidado para acompañar el crecimiento de sus hijos y que, por este mismo motivo, ningún robot, ningún dispositivo electrónico ni ningún medio digital puede reemplazar al ser de carne y hueso que es a diario, el psicólogo, el amigo, el segundo acudiente y el cuidador más paciente , con los que como dijo Gabriela Mistral ,”no son carne de sus carnes”.

Feliz día maestros y maestras de Neiva, Pitalito y resto del Departamento del Huila. Gracias por su espíritu de lucha, por querer alcanzar   una sociedad más digna y justa, gracias por ser esos mensajeros de conocimientos y valores que, con su buen amor, como el colibrí, tocan las flores más frágiles del jardín, los niños y jóvenes de este país. Gracias por recordar siempre que enseñando es como aprendemos, que dando es como recibimos y que soñando en compañía de otros es como logramos un mundo más benigno, soberano e igualitario. Hoy como dijo Benedetti, cuando ya teníamos listas las respuestas nos cambiaron las preguntas y el presente nos propuso un salto con el que debemos recordar aquello que siempre hemos orientado a nuestros estudiantes, que como dijo Kant “Se mide la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar” y los maestros sí que lo hemos soportado todo.

Finalmente, la Asociación de Trabajadores de la Educación ADIH exige del Estado, de los gobernantes, de los rectores y de la sociedad civil, respeto y reconocimiento por el rol que los maestros desempeñan desde las más altas y lejanas montañas hasta en las urbes más habitadas. El Comité Ejecutivo de la ADIH les reitera a sus docentes total disposición en la defensa de sus derechos y de su dignidad laboral, en medio de una sociedad colapsada por la indiferencia, la corrupción y la miseria que los obliga a cumplir su vocacional trabajo en situaciones de hacinamiento escolar y falta de ayudas didácticas, tecnológicas y de apoyo humano. FELÍZ DÍA.

COMITÉ EJECUTIVO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN “ADIH”

¡Presente!, ¡Presente!, ¡Presente!

 

LA ORACIÓN DE LA MAESTRA

Gabriela Mistral

¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.

 

Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.

 

Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé.

 

Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.

 

Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.

 

Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.

 

Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

 

¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones.

 

Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.

 

Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora.

 

Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando!

 

Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas.

 

Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos en el costado ardiente de amor.

 

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