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La fiesta del Coronavirus

La fiesta del Coronavirus 1 10 agosto, 2020

Alexander Molina Guzmán

 

Si el Coronavirus anda de fiesta es porque la misma gente le hace el ruedo. Eso quedó demostrado durante el remate del fin de semana pasado en la capital del Huila, pues mientras que se promovía desde la Administración Municipal de Neiva la fiesta del San Pedro de manera virtual y con responsabilidad, la gente lo que hizo fue hacer fiestas clandestinas, amontonamiento callejero y ¡hasta desfiles! De hecho, en Neiva se impusieron cerca de ochocientos comparendos por comportamientos contrarios a la convivencia y que, sin duda, afectará en muchos casos el bolsillo de los contraventores. Para que se den cuenta que la misma gente es la que se saca la plata del bolsillo, pues tendrán que pagar una multa por malos ciudadanos y queda demostrado que la misma gente es la que está dispuesta a infringir las medidas que sea decretado para evitar la expansión del virus a sabiendas que está cometiendo una falta. Y como no hay nada más que le duela a la gente que le afecten el bolsillo, muchos andan por ahí a ver cómo es que les ayudan para no pagar la multa por su mal comportamiento; también es una demostración de las contradicciones que tenemos, ya que mucha gente alega que no tienen para la comida, pero sí tiene para prender la fiesta, gastar la plata en trago y bailarle al Coronavirus.

 

La que anda desconectada de la realidad es la gente, no es la Administración Municipal. El gobierno local ha sido juicioso en informar y aplicar todas las medidas que se han establecido por parte del Gobierno Nacional, y las propias, para contener el Coronavirus y mitigar sus efectos. Lo que pasa que la gente no quiere asumir su mayoría de edad y pretende es que los estén vigilando, los estén correteando, les estén rogando para que cumplan con las medidas de bioseguridad, que incluye el confinamiento; se comportan es como niños, y así siempre será difícil que cualquier medida de seguridad y de convivencia funcione. Como se dice popularmente, esto es cincuenta y cincuenta: la gente exige derechos, que haya medidas de bioseguridad y las tiene, pero falta la otra mitad, que la gente cumpla con ¡su deber!, el deber de comportarse como buen ciudadano y acatar las medidas establecidas.

 

Lo más facilista es echarle toda el agua sucia al gobierno local, es como tirar la piedra y esconder la mano, pero la realidad es inocultable: la gente quiere hacer hasta de las enfermedades una fiesta y luego culpar del “guayabo” y sus dolencias a los demás.