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¡Probidad!

¡Probidad! 1 3 agosto, 2020

Francisco José García Lara

Hace algunos años, durante el desayuno que la universidad javeriana ofrecía a los profesores de la especialización en derecho médico, un sacerdote jesuita cuyo nombre no recuerdo, nos entregó una tarjeta que tenía impresa la palabra: probidad.

La definición de la mencionada palabra es: moralidad, integridad y honradez en las acciones, y la intención era verificar que las actuaciones de los alumnos involucraran tal definición e inculcáramos en ellos su aplicación.

Lo antes narrado vino a mi memoria a raíz de los hechos relacionados con el viaje del fiscal y el contralor general a la isla de San Andrés en días pasados, en donde no solo salieron a relucir la ausencia de razones para tal viaje, sino también la innecesaria compañía de sus familias y el intercambio burocrático que ha permitido que los dos funcionarios tengan a sus esposas empleadas en la entidad diferente a la que dirige cada uno de ellos.

Podrán aflorar excusas o justificaciones, pero sin duda lo que faltó en los mencionados funcionarios fue probidad, cualidad que deberían tener todos los empleados que administran lo público, principalmente aquellos que dirigen entidades que tienen dentro de sus funciones vigilar y sancionar a otros funcionarios del estado.

Esa probidad también faltó en los soldados que violaron la niña indígena en Risaralda, y por supuesto, en los que previamente hicieron lo mismo en el Guaviare, así como en los superiores de los uniformados que han malentendido el espíritu de cuerpo creyendo que ocultar los hechos es la mejor manera de defender a la institución que representan.

Faltó probidad en los directivos del centro democrático que permitieron la financiación dudosa en la pasada campaña presidencial, aceptando que se involucraran en ella individuos con antecedentes delictuosos, quienes según sus propias palabras manejaron esos dineros por debajo de la mesa y con el fin de cometer delitos electorales para favorecer al actual presidente.

La probidad no la generan los estudios, ni mucho menos se garantiza por tener varios diplomas, tampoco el hecho de enseñar a otros o por simplemente ocupar un alto cargo, la honradez en las acciones no se da silvestre, ni está disponible para comprarla, se construye desde la crianza en la familia, se refuerza mediante los estudios y termina demostrándose en el ejercicio profesional, es decir, en la conducta como ciudadano es en donde realmente se mide la probidad de la persona.

Es fundamental que no olvidemos la palabra probidad, esencial que la exijamos a los funcionarios públicos y primordial que la tengamos en cuenta a la hora de votar.

garcia.francisco@javeriana.edu.co