La Nación
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La Ley muerta en tierra de Santander

La Ley muerta en tierra de Santander 1 26 septiembre, 2020

            Luis Fernando Pacheco Gutiérrez

 

“…Las leyes os darán la libertad” La frase es de Santander y está en el umbral del Palacio de Justicia de Bogotá (el tercero tras el bogotazo en 1948 y el holocausto en 1985) y para muchos explica la cultura absurdamente legalista del otrora Virreinato de Nueva Granada. Hemos promulgado una decena mal contada de Constituciones, la última de ellas tiene menos de 30 años y más de 30 reformas, algunas tan absurdas, como permitir la reelección presidencial en 2005 y prohibirla nuevamente en 2015), múltiples normas en desuso –pero vigentes- y un constante choque de trenes, además de debates jurídicos que mantienen vivo al país de forma permanente.

 

La tragedia de Tasajera (Magdalena) donde trece personas perdieron la vida en un robo de gasolina a un carrotanque accidentado es el ejemplo de una sociedad donde la impunidad y el desacato campean en medio de la “tinta angélica” del legislador (advierto que hay sarcasmo, por las dudas). Consagramos multiplicidad de normas para hacer mejor la vida en sociedad (se supone que el fin último del derecho como regulador), pero la autoridad es incapaz de cumplirla, pero más allá de ello, incapaz de preguntarse porque no se cumple.

 

En un país de leguleyos y abogados (yo uno entre tantos), tenemos una profunda conciencia sobre los alcances de la norma, pero somos absolutamente incapaces de cuestionarnos porque no se aplica. Las universidades consagran indefectiblemente en sus estatutos la prohibición de consumir sustancias alucinógenas o llegar a clase bajo sus efectos, y sin embargo, en todas se consume; de la misma forma se establece la prohibición del plagio y sin embargo, los procesos que se adelantan por ello son casi inexistentes y solo muestran su rigor, cuando el juez implacable de las redes sociales precede al escándalo.

 

La cuarentena es otro maravilloso ejemplo, el porcentaje de personas que respetan la cuarentena es significativamente menor cada semana (inversamente proporcional al ascenso de la curva de infecciones y de muertes en el país) y cada fin de semana, las fiestas, paseos y asado se reproducen en las redes sociales despertando envidia entre el reducido número de personas que aún cumplen la cuarentena.

 

Es buen momento este para una reflexión como sociedad de esa extraña incoherencia constante en nuestra vida republicana. Mientras legislemos para ángeles, pero mantengamos comportamientos equidistantes; mientras creamos que todo se soluciona con reformas a la constitución o nuevas leyes seguiremos en este ciclo, donde las paredes y muros dicen una cosa, pero nuestros actos dicen otra.

 

 

@luisferpacheco

 

 

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