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La horqueta Santana

La horqueta Santana 1 5 agosto, 2020

Albeiro Castro Yépez

Finalizando los años ochenta y en los albores de los noventa de la anterior centuria las Rondas Sanjuaneras incluían pernoctación de una o más noches, las jornadas eran bastante intensas generalmente en temas de carácter cultural, sin desconocer que, el objetivo estaba centrado en la selección de la representante del municipio al Reinado Departamental del Bambuco, un ejercicio donde los principales, esto es, el alcalde, el párroco y las familias más prestantes acudían a las eliminatorias, eventos que se realizaban unas veces en los parques, otras en los corredores de los colegios y hasta en el atrio del templo parroquial.

Una vivencia que con frecuencia traigo a la mente fue la experimentada en el municipio de Colombia, pues allí, la cultura fluye por los poros de la comunidad, la primera sorpresa fue encontrar vestigios de la Cultura Santana acopiados en un museo de primera generación, un tema con muy pocos avances perceptibles para el común de las personas, sin desconocer que, existen algunos estudios realizados por las instituciones del sector, hoy se podrían potencializar con el concurso del Programa de Antropología de la Universidad Surcolombiana. La segunda sorpresa fue la visita al templo y encontrar en él, la espléndida imagen de la Nuestra Señora de Las Mercedes, una advocación acogida para la súplica de la liberación y la tercera fue casualmente la vivencia de la preparación del asado.

El ritual inicia con el apronte de los insumos necesarios para la preparación de las viandas y los amasijos, así como, una buena provisión de aguardiente, al visitar el chiquero observe un tierno lechón, me pareció curioso, adivinando mi inquietud pronto me contaron que sacrificarían varios de ellos para poder atender a todos los invitados. Tras la evisceración y limpieza se le rellena con abundantes porciones de ajo, cebolla larga, hierbas aromáticas y salpimentado, para luego dejarlo marinar, para el asado construyen un roti artesanal al que coloquialmente llaman horqueta, proceso que exige vigilancia permanente de quien esté a cargo del asado para evitar se pase de punto.  Para el servicio a la mesa se corta en forma traviesa, esto es, que, la porción se conforma con tocino crocante, carne y hueso, acompañado de los tradicionales insulsos, arepas, generosas porciones de yuca cocinada y ají criollo a placer. Por supuesto se aprovechan las vísceras para los bocados del tunar pues la velada se acompaña con música de banda, pero también con presentaciones de los grupos de rajaleñeros y los tríos de cuerdas, la noche y el día se juntan, pero resultan cortos para disfrutar del ambiente folclórico que la Ronda generaba, ojalá la costumbre no se haya perdido, como se han marchitado tantas tradiciones culturales, añoradas hoy cuando el mundo está ávido de atractivos turísticos de carácter cultural.