La Nación
La otra pandemia, desempleo y violencia femenina 1 1 diciembre, 2020
COLUMNISTAS OPINIÓN

La otra pandemia, desempleo y violencia femenina

Esperanza Andrade

 

Previo a la aprobación del Presupuesto General de la Nación el pasado lunes por el Congreso, junto con la Comisión de la Mujer dejamos constancia de la necesidad de asignar los recursos necesarios para apoyar emprendimientos liderados por mujeres y, específicamente, aumentar la destinación al Ministerio de Agricultura para financiar el fortalecimiento de los mecanismos de atención a las mujeres rurales y campesinas. (Ver https://esperanzaandrade.com/)

Y lo hicimos por la urgencia de promover, financiar y respaldar programas, proyectos y emprendimientos empresariales de nuestras mujeres, respondiendo a las graves consecuencias de la pandemia que las ha impactado en lo económico, social y en la violencia machista, poniendo en alto riesgo la estabilidad familiar.

El tema es relevante porque recientes datos del Dane muestran que la crisis ha disparado el desempleo femenino, que llega casi al 28% (una de las mayores tasas de Latinoamérica), mientras el masculino se ubica en 16%. Por cada hombre que pierde la ocupación, dos mujeres sufren igual desgracia, con el agravante que la mayoría son jóvenes.

Además, en promedio, ellas devengan salarialmente mucho menos que ellos, pese a realizar las mismas tareas y que al llegar a casa suman nuevas obligaciones y responsabilidades de crianza, trabajo doméstico y administración, ¡sin remuneración!

Pero más grave aún es que dejar de percibir ingresos las ha hecho más vulnerables a la violencia intrafamiliar.  Los ataques físicos, sicológicos, económicos y sexuales aumentaron dramáticamente durante el aislamiento en más de 200%, respecto al año pasado. Sin contabilizar las que no se hicieron porque la víctima vive con su agresor 24 por 7. Según la Fundación Feminicidios Colombia, la violencia machista ha matado a más de 140 mujeres. Por eso, presentamos al Congreso el proyecto de prisión perpetua revisable para sus asesinos, como mecanismo de defensa y protección.

Ningún empresario, empleador, propietario de negocio o entidad del gobierno puede mantenerse ajeno en contribuir a recuperar y generar empleo femenino, rescatarlas de la informalidad. No es tarea fácil, es de largo aliento, con estrategias para echar a andar los sectores que las ocupan: textiles, turismo, salud, comercio, vehículos, restaurantes, actividades artísticas y culturales. Y es hora del Estado reconfigurar la retribución que merecen quienes dedican más de 3 horas, en promedio, a atender el hogar, en limpieza, labor doméstica, cuidar niños y adultos, enfermos…

Con fe y esperanza confiamos en que la post pandemia abarque un mercado laboral incluyente y racional, que integre y valore el formidable aporte de la mujer, porque nadie puede justificar la discriminación y la restricción de oportunidades, cuando es cada día más evidente la dimensión y fortaleza de sus aptitudes, empeño y responsabilidad. ¡Demos un paso adelante!

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