La Nación
Están desamparados 1 21 octubre, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Están desamparados

Francisco Argüello

No soy amigo de las armas, pero creo que es hora que les permitan a los campesinos usarlas con regulación en sus fincas. La policía se volvió incompetente, no da abasto, mientras el Ejército no se sabe en qué anda. Con un Huila sin Farc, ELN y otros grupos armados, los militares parece que engordan en sus guarniciones porque poco se ven en las carreteras y cada vez más desaparecen de los puestos de mando que hacían frecuentemente en las vías. Sé que su fuerte es la zona rural, los cubrí durante años y conozco la fuerza, pero siendo justos ni en la ruralidad se observan.

En la vía Hobo- Yaguará, por ejemplo, no se ven ni para una urgencia. Aunque la policía anunció hace pocas semanas controles y severidad contra la delincuencia, en estos días atracaron a un conductor de la psicola Botero, quien corrió con suerte porque no lo asesinaron. A los asaltantes de esta zona les vale huevo la vida porque en medio del forcejeo- no sé si por inexpertos o al contrario, aguerridos-, disparan sin mediar palabra así obtengan su cometido. ¿Es necesario que se apruebe el porte de armas así sea traumáticas para los dueños de las fincas? Sí, con regulación, pero debería hacerse. Los campesinos en el Huila y el país están desprotegidos mientras el delincuente tiene todas las leyes a su favor. Aunque Juan Manuel Santos limitó la tenencia de armas en su gobierno, el número de asesinatos sigue disparado en las ciudades y casi todos con armas ilegales, es decir, no existe un control de este tipo de elementos.

A los ganaderos, cafeteros y demás les cohíben de portar sus armas para defenderse mientras no existe severidad para los bandidos que las usan sin asomo de vergüenza para matar a otros. ¿Tienen los campesinos que esperar a que los maten, indefensos en sus parcelas? La Policía no da abasto y en el Congreso parecen no entender la situación. Al fin y al cabo, quienes legislan tienen esquemas de seguridad, carros blindados, chalecos antibalas y casi no salen de Bogotá o sus ciudades, mientras en la zona rural la situación es otra. No se trata de armarse, de crear autodefensas, sí de que el hampa no gane la partida, que ya la lleva demasiado avanzada. ¿O esperamos a las promesas que la propia Policía no puede cumplir? Por cierto, quienes piensan contrario no vengan con el cuento de que el Estado tiene el monopolio de las armas porque yo también lo tengo claro. Salgan de sus escritorios, de las ciudades y pregúnteles a los dueños de fincas en el Huila qué opinan. La gran mayoría quisiera que les permitieran tener, al menos, un arma por finca. Y no es propiamente por vanidad.

Nota uno: Qué aburrida la peleadera por el Festival de la empanada en Neiva. La idea del diputado Jorge Andrés Géchem fue buena, pero debió informar que era un evento de su autoría. Por su parte, la Cámara de Comercio de Neiva que no venga con el cuento de que no sabía que el evento era liderado por un político. Ni porque fuera la primera actividad que organizaran. Por cierto, ¿Cuántos votos le pondrán los seguidores de las empanadas a Géchem? No creo que muchos.