Conocemos la historia reciente de la república de Sudáfrica. Para lograr su vida democrática, jugó un papel fundamental la figura del carismático prohombre, Nelson Mandela. Es conocido el denominado apartheid, sistema segregación racial que se estableció formalmente en Sudáfrica en 1948, mediante leyes que despojaron de múltiples derechos a la población negra mayoritaria. Las leyes racistas se fueron derogando paulatinamente entre 1990 y 1991, bajo el gobierno de Frederick de Klerk.
Fue Nelson Mandela quien logró con su pueblo superar esas nefastas leyes racistas. Analicemos brevemente la vida de este ilustre hombre. Padeció injustamente la cárcel durante veintisiete años, por enarbolar la causa de la liberación de las esclavistas leyes de segregación racial. Desde la cárcel dirigía las manifestaciones, jamás incitaba a la violencia. La protesta estaba marcada por el sello del respeto a todos los seres humanos; padecía él la segregación racial y él nunca promovía una respuesta igual; no incitaba a la población negra a matar a los seres humanos de etnia blanca.
No empleaba la misma arma de sus contradictores; estaba rodeado de gente que invitaba a la violencia, él siempre se opuso a una respuesta igual a la que padecían. En la cárcel sufrió toda serie de desprecios a causa de su color de piel; él no alimentaba el sufrimiento con resentimiento; sabía que el odio, engendra más odio, la violencia genera más violencia.
Entendió perfectamente que no se puede combatir un mal real, la segregación racial, por un mal mayor, la matanza de los blancos. Salió de la cárcel en 1991 y se presentó como candidato a la presidencia, abanderando una política de reconciliación y gobernó a su país de 1994 a 1999. No llegó a la presidencia con odio y venganza; no se desquitó de sus enemigos, él los llamaba contradictores, con la dialéctica de la lucha de clases o con la fuerza de las armas. Gobernó incluso con los blancos e hizo de su país un ejemplo de paz y prosperidad. ¡Qué ejemplo el de Nelson Mandela! En nuestra patria cada día va haciendo carrera un discurso de odio y venganza. Se mira el pasado como el causante de todas las desgracias que padecemos y aparecen nuevos mesías-redentores que ofrecen “salvar” a Colombia aplastando el pasado y construyendo un futuro sin pobreza y miseria, -claro, todo suena muy bonito, sí, pero, ¿a qué precio?-. No cabe duda que nuestro pasado está lleno de errores y desaciertos y, hay que cambiar. Llevamos doscientos tres años de vida republicana y los cinturones de pobreza se agigantan, es verdad.
Es inaceptable desde todo punto de vista que un país tan rico como Colombia, tenga tanta pobreza social. Como decía Óscar Arias, premio Nobel de Paz en un discurso ante los mandatarios de Las América en 2008, “algo hicimos mal”. La corrupción que como un cáncer ha hecho metástasis, necesita un bisturí que extirpe con firmeza todo un sistema de inmoralidad enquistado por décadas en el colectivo cultural.