La Nación
NEIVA

“A muchos de mis clientes los veo en el periódico”, trabajadora sexual trans

“A muchos de mis clientes los veo en el periódico”, trabajadora sexual trans 1 7 abril, 2020

Vanessa reconoce la otra cara de varios de sus clientes neivanos en periódicos, por lo que, deduce, son gente importante. Más allá de la “doble moral”, son las garantías para ejercer el oficio lo que reclama la comunidad trans.

 

Caterin Manchola

huila@lanancion.com.co

 

De cabello largo y liso, labios rosa y un delineado de ojos de gato, Vanessa es por poco la envidia de toda la comunidad trans de Neiva. “Casi que pasa por mujer”, le dicen. Ha tenido variedad de clientes y  eso también le ha traído problemas de los que las esquinas del centro de la ciudad son testigos.

Es oriunda de San Andrés, una vereda al norte del Huila, pero sueña con vivir en Bélgica y tener nacionalidad europea. La joven, de tan solo 22 años, atendió la entrevista para LA NACIÓN acompañada de un chico, también miembro de la comunidad LGTBI, de 19, a quien conoció cuando juntos incursionaban como modelos webcam hace seis años.

Golpeada por la violencia del conflicto interno armado de Colombia,  rechazada por su familia, conocidos y también flagelada por las manos de sus clientes, opta por no recogerse el cabello intentando disimular una enorme cicatriz en su espalda. Este mismo tipo de recuerdos los lleva dibujados para siempre en sus piernas, rodillas y brazos.

Entre sus memorias sobresale aquella vez en que, mientras caminaba por la calle, varios hombres la atacaron con rocas, “y afrontar eso es duro. Hay unos que me dicen ‘ay el marica’, entonces yo les digo ‘marica usted, yo tengo más huevos de afrontar la sociedad’…. Uno tiene que hacerle frente a los insultos y discriminaciones en todas partes”, contó.

 

La calle

La brisa de las noches neivanas, samarias, caleñas, bogotanas, antioqueñas, y muchas otras regiones, le han acariciado sus piernas gruesas y  también senos, bastante agradecidos por el efecto de las hormonas que ella misma se medica. Viaja dependiendo de la época del año; por ejemplo, en la Capital del Huila, la cosecha de clientes se recoge en las fiestas de San Juan y San Pedro, y diciembre. Esta ciudad es también donde más ha padecido de homofobia.

Por estos días estaba en Neiva; con un pequeño bolso de mano, short blanco que dejaba ver sus pantis de corazoncitos, blusa negra ajustada,  y sintiéndose muy sexy, su amigo la acompañó al corazón de la ciudad. El joven de 19 años hace el papel de escolta mientras Vanessa trabaja. “Yo la espero afuera de la puerta del hotel, nos cuidamos porque jum…”, dijo. Risas cómplices.

 

Clientes

La situación con los clientes es complicada, de ahí la estrategia de ir acompañada. Una de las historias que más recuerda se dio en una cita a un hotel de Neiva, que Vanessa se negó a atender, “no le gustaba”, dijo. “A veces me toca agarrarme con el hombre porque le digo que no le voy a hacer eso, pero que tiene que pagarme el servicio, así no lo tome, tiene que hacerlo. Pero ese día él todo indignado rompió una botella y con el pico me pegó en la pierna”, contó mientras señalaba la cicatriz en la parte superior de una pierna.

Otro día un cliente diferente, que se negaba a pagar el servicio, también le “dio una pela”. Dijo.  Para esa ocasión Vanessa lo amenazó con retenerle el celular. “Yo llegué bien arreglada y bonita, como él me pidió que fuera. Yo lo atendí. Y luego que no tenía plata, me estaba ofreciendo solamente $15.000. Y tenía una botella de aguardiente que me la estrelló en la cabeza, eso fue terrible. Pero yo no me dejé, a mí me indigna que me peguen. Le dañé el celular y él el mío”.

La atención por parte de los centros asistenciales no es la mejor. Y, según comentó, en el caso la policía, son los propios uniformados quienes muchas veces les faltan al respeto.

 

El origen

Vanessa tenía 14 años cuando, con poca ropa en una bolsa, un día optó por irse de la casa. Para ese tiempo vivía en Urabá, Antioquia, donde su momento de transición se hizo invivible, por ello estableció contacto con personas y se mudó a otra ciudad, persiguiendo su sueño de ser mujer. Su primera experiencia laboral fue como modelo webcam.

La minoría de edad no fue impedimento, ni hubo ley de protección infantil que la amparara o derecho al que ella aspirara. Ingresó por recomendación de una amiga, y con una cédula falsa que los patrones lograron obtener. Aseguró que el trámite de ingreso a ese tipo de empleo es “fácil”, debido en gran parte a las “ayudas” que brindan los mismos empleadores.

“Yo estaba internada en una casa, es como estar en una cárcel. Entrábamos a las 10 de noche y salíamos a las 12 del mediodía. Era terrible. Cada una tenía su pieza y uno veía gente drogándose y de todo. Allá le daban todo lo que uno quería: si uno pedía pegante, marihuana… todo ‘ella’ se lo daba; pero  me aburrí porque uno estando delante de unas luces, cámara y computador, eso acaba bastante”, describió.

En medio de las extensas jornadas de 12 horas, conoció a su amiga, ahora ‘escolta’. Se desempeñó en el oficio durante dos años y luego optó por la calle, según dijo, para demostrarle a su familia que lograría sus objetivos, que saldría adelante “y hasta ahora les he demostrado que sí lo he logrado”, resaltó.

Desde entonces consume marihuana de manera recreativa; para relajarse, cuando tiene problemas, o calentarse, porque el abrazo de las noches  más la poca ropa que utiliza, hacen mella.

Entre sus clientes figuran hombres, mujeres y también de la comunidad LGTBI. Altos funcionarios y empresarios, que los ve casi a diario, según relató.

“Yo los veo en las publicaciones de los periódicos, es gente que son de estratos altos…”.

“Los hombres lo primero que preguntan es ‘¿tiene buena dotación?’, ellos quieren una mujer exótica…, por eso solamente me operaría los senos y me haría una lipoescultura”, agregó.

Ha establecido una rutina laboral entre calle, en las noches, y casa, en el día. Las ofertas se hacen por páginas y redes sociales, donde también le han propuesto cosas que, asegura, nunca hará. “Son como fantasías, pero yo creo que eso va más allá de una simple fantasía”.

Acerca de sus familiares, recuerda que desde los ocho años se ponía la ropa de una hermana mayor, jugaba a ser mujer y quería serlo; con ella la relación no es la mejor. Sobre su mamá, la vez en que le dijo “’mami, yo nunca me he sentido un niño’ y mi mamá me decía que dejara esas bobadas”. En su familia para ese entonces ya comentaban que sería igual a un familiar, bastante mayor, que es trans.

 

“A muchos de mis clientes los veo en el periódico”, trabajadora sexual trans 2 7 abril, 2020
Varias menores de edad estarían ejerciendo trabajos sexuales en la ciudad.

 

Miedos

Consciente de que podría estar más segura en una casa de citas, asegura que no le gustan porque debe compartir las ganancias. Además, a algunas las operan y las encierran, dos cosas a las que les huye. Aunque en calle ‘Las Madres’, personas que manejan las zonas, también les piden dinero. En Neiva, aunque tradicionalmente las trabajadoras sexuales se ubican sobre la Carrera Segunda y Avenida La Toma, en los últimos años se han volcado hacia nuevas plazas.

En La toma, por lo general, permanecen travestis y gente con poca experiencia. Para el caso de la Segunda, son personas de vieja guardia, “la movida es más peligrosa porque a veces llegan rivalistas, que son muñecones y llegan para hacerle el oso a las otras. Por ejemplo muchas se rayan conmigo, me dicen que parezco mujer y por eso me va bien, me recogen”.

Sin embargo, no en todas las ocasiones los clientes quieren pagar hotel o las llevan a sus casas, por eso en varias ocasiones el punto de encuentro es sobre las locaciones de la Avenida Circunvalar, en El Mohán, por ejemplo.

 

Una promesa

Una hora antes de que muriera  Hilary Medina, las dos habían sostenido una conversación y pactaron que se verían horas más tarde.  El sueño de ambas era irse a Italia en diciembre.

El proceso para alcanzar su sueño lo viene desarrollando con hormonas, a veces la enferman, la deprimen; pero después de todo, su vida es el reflejo de muchas otras jovencitas que desde los 14 años ya están en las calles de Neiva. “La mayoría son menores de edad, son muy pollitas”, concordaron.

Su primera relación sexual la tuvo por dinero y desde entonces ello ha sido su fuente de sustento. Lo hará “hasta cuando cumpla mis sueños: tener mi casa, darle una casa a mi mamá, operarme y ajuiciarme después”.

Argumentó que “a una persona trans no le van a dar trabajo como a alguien común y corriente; si a mí me dieran un trabajo, yo dejaría todo lo que estoy haciendo”.

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