La Nación
Aférrense a lo bueno 1 5 agosto, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Aférrense a lo bueno

Por: René Jiménez Cobos

Romanos 12:9 El amor debe ser sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien.

¿Sabías que posees una gran felicidad ? Tu felicidad  es tu familia, tu esposa, tus hijos, tus seres queridos. Cuando comienzas amar y a cuidar lo que Dios te ha dado, Sus milagros se manifiestan. Si eres casado, bendice a tu esposa, no la maltrates, no la hieras con palabras, trátela como a una porcelana muy costosa. Visualiza todo como una gran bendición.

Haz equipo con tu cónyuge, escribe los desafíos que tienen por delante y juntos oren a Dios declarando que conquistarán todo lo que se propongan. Si estás soltero, pídele a Dios que te envié la persona correcta. Únete a Dios y verás grandes victorias.

Para que veas la bendición de Dios en tu hogar debes dar un orden a tu vida y prioridades. A continuación encontrarás algunos pasos que te serán de gran ayuda:

  1. El número uno en tu vida debe ser Dios. Muchos creen en Dios pero pocos están enamorados de Él.
  2. Tu vida es importante porque es el canal sobre el cual fluye el Amor de Dios.
  3. Tu familia, reflejara lo que le has dado de tu corazón.
  4. Tu trabajo, estudio o la profesión que desarrollas.

Si mantienes estas prioridades Dios te bendecirá. Recuerda que tu familia ocupa el lugar más privilegiado.

¿Dejarías de atender las necesidades de alguno de tus hijos o un familiar por escuchar a otra persona?

¿Sacrificarías una actividad preestablecida para ir a acompañar a tu hijo?, Tu familia es más importante que tus amigos, es más importante que tu trabajo.

Un día, una mamá frustrada con sus 3 hijos le comentó a su esposo que ya no sabía que hacer para que dejaran de gritar tanto en la casa. El esposo la miró y le contestó: “Te has escuchado como tu le hablas a ellos; los niños sólo imitan tu tono de voz”. Esta madre no entendía por qué sus hijos actuaban como lo hacían, hasta que el esposo puso un espejo frente a ella y reconoció que la que más gritaba era ella.

Sabemos que de la abundancia del corazón habla la boca, y también son nuestras palabras las que nos dignifican o nos avergüenzan. Recibe De Dios el dominio propio y usa tus palabras sólo para edificar y traer un ambiente de amor en tu casa.

Toma un tiempo especial para compartir con tu familia y desaten palabras de bendición y admiración entre cada uno de los integrantes que componen tu hogar.