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Bienal internacional

Con la entrega ayer del premio al escritor argentino Pablo Hernán Di Marco por su obra ‘Tríptico del desconsuelo’ se abrió Con la entrega ayer del premio al escritor argentino Pablo Hernán Di Marco por su obra ‘Tríptico del desconsuelo’ se abrió la versión internacional de la Bienal de Novela “José Eustasio Rivera”, hoy uno de los más relevantes y atractivos certámenes literarios del país y Latinoamérica, muy cerca del “Rómulo Gallegos” de Venezuela o el premio “Planeta” en Colombia, tanto por la trascendencia del evento como el monto de la recompensa al ganador. La obra de Di Marco, según el buen jurado de esta ocasión, alcanzó el primer lugar por un estilo limpio y en ocasiones deslumbrante, además de ser una obra madura, con propuestas inteligentes bien resueltas, que mantienen la atención hasta el final. Que la Bienal sea ahora de carácter abierto al mundo debe generar mayor interés de todos los estamentos públicos y privados del departamento, y en el orden nacional del Ministerio de Cultura y otras entidades, de manera que no se siga descargando todo el peso de su importancia en la noble y gentil Fundación Tierra de Promisión que, si bien cuenta con un abultado número de miembros, la tarea al final sólo la ejecutan unos pocos encabezados por el ex ministro Guillermo Plazas Alcid. Y en todo caso, dependiendo de la respectiva coyuntura institucional para que se le otorgue este u otro aporte. Como lo ha dicho el mismo Plazas Alcid, las autoridades y sociedad huilense en pleno deben apropiarse y apoyar la Bienal de cara a las versiones venideras, pues se trata de un patrimonio público en un empeño cultural e histórico por mantener la vigencia de uno de los más grandes narradores en lengua hispana. Debe entonces incorporarse a esa tarea el grueso de la llamada intelectualidad huilense y Surcolombiana, ojalá también dándole al premio el carácter de patrimonio cultural del municipio de Neiva y del Departamento del Huila, con el objetivo de generarle más fuerza y renombre en escenarios nacionales e internacionales. Muestra fehaciente de lo que puede ser, en un nivel mucho más alto, la Bienal es que en esta primera versión internacional llegaron obras de Venezuela, España, Argentina, Chile, Estados Unidos, México y Colombia, inscribiéndose en total 77 obras literarias. Y ello sin contar con un despliegue amplio en medios masivos de comunicación, y sin contar con otros mecanismos de divulgación que le hubiesen generado un atractivo más sólido. Y ese es un tema esencial en su nueva configuración de premio abierto al mundo de las letras castellanas: que el aporte público y privado permita una tarea de promoción en grandes escenarios y medios, para consolidarla así en la primera fila de los certámenes de mayor renombre mundial. Por supuesto que eso es lo que merece un nombre y una obra como la de José Eustasio Rivera, el más grande entre los grandes del país, al lado del Nobel García Márquez y dos o tres más. Vale resaltar, igualmente, el papel de un jurado de buen nivel, serio y con reconocimiento, como el que conformaron Roberto Burgos Cantor, Héctor Sánchez y Marco Tulio Aguilera, prenda de garantía.

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