La Nación
Cementerios, un ‘rosario’ de problemas 2 1 julio, 2022
HUILA

Cementerios, un ‘rosario’ de problemas

La propuesta del Obispo de la Diócesis de Neiva, Monseñor Froilán Casas de una eventual venta y traslado del cementerio Central de la capital huilense, generó toda una polémica entre la ciudadanía y el clero.

Lo cierto es que por aspectos de salubridad y de ordenamiento territorial los camposantos deben estar fuera de la ciudad, separados de cualquier tipo de vivienda, de acuerdo a la resolución 5194 del 2010 del Ministerio de Protección Social, “por la cual se reglamenta la prestación de los servicios de cementerios, inhumación, exhumación y cremación de cadáveres”.

Así las cosas, dentro del marco legal, la propuesta de la Iglesia no es descabellada y estaría anticipándose a una posible orden judicial.

Pensar en los muertos es también un deber de la ciudadanía. Por eso el Concejo de Neiva invitó para el próximo 16 de noviembre a Monseñor Froilán Casas para debatir sobre cuál debe ser el futuro del cementerio central, que ya tiene unos 120 años de existencia. Fue en 1883 cuando se adquirió el lote, la ciudad entonces no llegaba sino hasta pasando el río La Toma.

El asunto es complejo y trae una serie de problemas sociales, ya que por otro lado se ve involucrada la parte espiritual de los ciudadanos, que se preguntan ¿qué pasaría con los restos de sus seres queridos en caso de un traslado del cementerio central?

El padre Ruber Fierro, párroco de la Catedral Inmaculada de la Concepción de la ciudad de Neiva, es el representante legal del predio y encargado de la administración del cementerio Central. Ha indicado que los restos de las personas que allí reposan serían trasladados con las correspondientes condiciones. “No van a desaparecer, se reubicarán”, dijo.

Mencionó que aunque el camposanto goza actualmente con la viabilidad de parte de las autoridades competentes que reglamentan los cementerios, y con buena capacidad para aún seguir prestando sus servicios, “el crecimiento y el aspecto de ciudad hoy son realidades que exigen otros requerimientos, y Neiva se merece un nuevo cementerio”. Por lo que se propone adquirir un nuevo lote para sepultar a los neivanos y en el actual se construya un gran parque o un proyecto de vivienda.

La propuesta que más parece llamar la atención es la que plantea la antropóloga Eloísa Lamilla, quien se ha dedicado a estudiar este cementerio, y propone que se convierta en un parque museo que narre la historia del departamento teniendo en cuenta los personajes que allí han sido enterrados.

 

Reglas sin cumplimiento

Pero el futuro del cementerio de Neiva no es el único que inquieta. En los demás municipios del Huila la situación no es muy distinta. En gran parte de estos los cementerios se encuentran en los cascos urbanos, próximos a zonas residenciales, colegios y hasta plazas de mercado, y son administrados por parroquias que no cuentan con los recursos suficientes para reubicarlos. Campos que surgieron casi con la misma fundación de los pueblos, sin mayor organización ni mayores consideraciones sobre el medio ambiente, las condiciones sanitarias y las normas urbanísticas. Y que ahora se ven rodeados de construcciones de todo tipo.

Caso traído el cementerio del municipio de Palermo, administrado por la Parroquia Santa Rosalía y cuyos terrenos pertenecen al Municipio. En su Plan de Ordenamiento Territorial (POT) está pensado que a la vuelta de unos años este cementerio tenga que ser reubicado o adquirirse otro predio, porque ya resulta ubicado dentro del perímetro urbano, según un preaviso de la Alcaldía de Palermo. Esta es la razón que encuentra el párroco José Ramón Martínez Toro, de la Parroquia Santa Rosalía, por la cual no se le ha construido una morgue al cementerio. “No es fácil la normatividad para cementerios nuevos, es bien exigente, nosotros hemos ido poco a poco respondiendo a las sugerencias para que se mantenga dentro de la normatividad de funcionamiento y no lo cierren, porque esa siempre es la amenaza”, dice.

Aun todavía no se conoce que ya haya otro terreno para un posible traslado del cementerio. El Padre Martínez confiesa que son varias las falencias. “A ratos sí se siente uno solo en esa administración porque los gastos son altos, la parte de servicios públicos, el pago a una empresa que recoge sólidos y a Empresas Públicas que recoge residuos cuando bien tiene tiempo, el pago al sepulturero con todo lo de ley, ahora se le construyó una habitación con servicio de agua. Y en los municipios la gente no tiene la conciencia que hay que exhumar cada 5 años, es un trabajo de pedagogía porque ellos tienen un chip muy pegado con sus muertos”, manifiesta el guía espiritual.

El cementerio del municipio de Baraya, la situación tiene algo de parecido. No cuenta con los osarios para disponer allí los restos de las exhumaciones ni con suficientes bóvedas. El Párroco Wilson Perdomo Hurtado, quien lleva dos años en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, explica que se proyecta a largo plazo con el apoyo de la comunidad hacerle algunos trabajos.

“Lo que se piensa hacer es poder adelantar las exhumaciones y en la parte que se va liberando organizarlo un poco mejor, porque no hay senderos entre las tumbas, en algunas partes para desplazarse pues hay que pasar sobre las tumbas. También se piensa organizar en una sola zona las bóvedas, y otra zona para sepultura en tierra, en el momento está todo como revuelto, incluso algunas personas tienen propiedad pero no se distingue bien cuáles son las bóvedas de la parroquia y cuáles de la gente. La idea es ir organizando poco a poco, pero en este momento no se cumple con lo que pide la norma”.

Menciona el padre Wilson que el cementerio tampoco cuenta con el espacio para disponer una sala de exhumación, y hay varios restos con más de 20 y 30 años sin exhumar.

 

Muertos en la perpetuidad

El cementerio del municipio de Colombia, Huila tiene la característica muy particular que allí no se exhuma a los muertos, otro requisito que exige la ley, debe hacerse cada 4 años cuando la sepultura es en tierra y 5 años cuando es en bóveda. “Como el cementerio es tan grande, no tenemos problema o necesidad de exhumar un muerto para meter otro. A las personas se le entrega a perpetuidad el derecho a tener el muertico ahí hasta el fin del mundo, a no ser que un familiar lo quiera trasladar para otro lado por alguna condición especial”, dice a modo algo cómico el párroco Walter Eliecer Zapata Vélez, de la Parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes.

Admite el sacerdote que ha sido notificado por el Ministerio de Salud de su cementerio no cumple con la normatividad. Pero ajustarlo a ella requeriría un alto monto  económico y el cementerio no es rentable. Y es que en los casi 7 años que lleva el padre Walter en esta parroquia, se han enterrado tan solo 160 muertos, unos 25 en promedio por año.

“La parroquia se ve a gatas por lo inmenso del lote, porque hay que pagar al que hace la podada, al que hace el hueco, al que recoge basuras. Hay tanto espacio que si hacemos bóvedas alcanzaría hasta para enterrar a los de Neiva”, manifiesta el Párroco.

Menciona que actualmente hay 8 bóvedas libres, y se contrató para hacer otras 16. Dice el Padre Walter, que aunque solamente la morgue tiene iluminación y servicios sanitarios, el cementerio del municipio es agradable y se procura evitar los criaderos de vectores, con ayuda de los técnicos de la Secretaría de Salud Departamental que hace constante vigilancia y control.

 

El costo de la modernización

El cementerio del municipio de Rivera, que pertenece a la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, fue creado desde 1906, mucho antes de que Rivera empezara a ser municipio (1942), y cuenta con 18 mil metros cuadrados.

Hace dos años, el padre Rubén Darío Castro Silva, se adentró en el titánico proceso de reestructuración del camposanto. Inició con las exhumaciones y la construcción de 160 bóvedas, 260 osarios y 100 sepulturas nuevas para organizarlas por sectores. Además el lugar fue arborizado y se echó una placa huella que posibilita que el coche fúnebre llegue sin inconvenientes hasta las bóvedas o sepulturas, que ahora están cada una codificadas y con las medidas respectivas. Los difuntos que no son reclamados se pasan a una fosa o bóveda común, todos debidamente identificados. Cuenta con agua, baños públicos.

“La obra habla por sí sola, aunque nos falta mucho, estamos cumpliendo prácticamente todas las exigencias de salubridad. Es una buena experiencia para mostrar en el Huila, porque en el departamento ningún cementerio cumple la normativa, creo que el que más se aproxima es el de Los Olivos. Somos muy atrasados en eso, lo cual es una vergüenza a nivel nacional. Los cementerios manifiestan el atraso de nuestro departamento”, manifiesta el Padre  Rubén Darío.

Pero el proyecto no fue aceptado por la totalidad de los familiares de los muertos que allí descansan en paz. No era fácil cambiar la mentalidad de los pobladores que por 112 años se acostumbraron a su cementerio.

Con acciones de tutelas y otros recursos jurídicos, denunciaron a diferentes estancias lo que consideraban era un alto costo el que debían pagar y otros perjuicios. Algunos reclamaban propiedad pero no tenían títulos.

“Gracias a Dios ganamos todos los procesos y recursos jurídicos interpuestos por gente particular porque estamos actuando bajo la ley. El año pasado el cementerio tenía capacidad solamente para unos 5 años más de funcionamiento, ya quedaba saturado. En este momento con la reestructuración tenemos cementerio para 300 años más. Y los costos de los servicios son muy bajos. A la gente se les cobra estrictamente lo que es”, dice el Párroco.

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Asegura, que la inversión hasta ahora para la realización de estas obras ha sido de 200 millones de pesos. Pero el proyecto es aún más ambicioso, y en los planos está proyectado que para el año 2020 el cementerio ya cuente con parqueadero, portería, administración, 2 salas de velación, cafetería, capilla católica, capilla ecuménica, baños públicos, agua potable, agua para riego, horno crematorio, sala de necropsia, cuarto de herramientas, cuarto para residuos peligrosos y lugares para la venta de flores.

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