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Colacho

Colacho 1 27 mayo, 2020

Mario Huertas

El viejo de la casa Tudor dejó este mundo un día antes de cumplir sus ochenta y un años. Dejando tras de sí todo un movimiento filosófico discreto, disciplinado y no siempre bien ponderado. El colachismo tiene en la “reacción” un método para empinarse, de manera displicente, frente al mundo contemporáneo.

Lamentablemente, los clichés han hecho que otros escritores, de menor estatura obviamente, sean considerados como canónicos en un país donde suelen ser muy famosos pero poco leídos. Este es el balance literario de la sabiduría popular en nuestros días.

Cuesta creer que hayan sido los europeos quienes lo hayan “descubierto” porque acá nuestros intelectuales nacionalistas y tercermundistas alimentaban su ego con escritores foráneos, eso sí, todos muy taquilleros. Todos muy a la moda. Precisamente fueron los alemanes quienes, cruzando el Atlántico, se dieron a la tarea de conocer personalmente a este sabio solo comparable con Pascal, La Rochefoucauld o Bossuet.

Con la lucidez de los 79 años escribe los Sucesivos Escolios quedando allí consignada -lo que yo llamaría- “la suma reaccionaria” en estos términos: “los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia.”

Seis años atrás habían salido a la luz los Nuevos Escolios que dejaron por saldo una indiscutible ratificación de Colacho como un auténtico reaccionario en un mundo al que este ermitaño ya le había dado definitivamente la espalda. Por eso señaló que “es reaccionario quienquiera que no esté listo a comprar su victoria a cualquier precio”.

En 1977 nacieron los Escolios dándole de inmediato, a este ángel cautivo, un lugar en la filosofía occidental como un bizarro escritor en un país políticamente peligroso donde muy pocos se atreverían a compartir que “el hombre inteligente llega pronto a conclusiones reaccionarias”.

Ahora bien, todo esto empezó en 1954 cuando editó, sin fines comerciales, Notas cuyo estilo y sustancia marcó un hito en el género de las máximas o sentencias breves porque escribir para él era “precisamente lo contrario de lo que hacen la mayoría de los que escriben” y consideró, desde ese momento, que solo habían “dos maneras tolerables de escribir: una lenta y minuciosa, otra corta y elíptica.”

Para ir terminando, es pertinente decir que en torno a la suma reaccionaria hay todo tipo de posturas hermenéuticas para desentrañar el alcance y significado del “texto implícito” y aunque las pistas pueden estar en Textos I, publicada en 1959, el debate no está saldado y en parte es el gran misterio que todavía aglutina al colachismo.

Escolios, Notas, Textos, son sinónimos de Nicolás Gómez Dávila o Colacho, como le decían sus más cercanos, quien nació un 18 de mayo de 1913 y, a mi juicio, es hasta hoy el único y genuino exponente -si es que resulta preciso decir- de “la Atenas suramericana”.

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